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Posts Tagged ‘universo’

Arribo a un planeta desierto. Atravieso sus mares de líquido viscoso. Soy el último gigante de mi especie. Luego de cientos de generaciones he llegado a este lugar para terminar una misión. Alcanzo el único sitio en donde hay tierra firme. Es una isla de una belleza inenarrable. Oro y lloro en nombre de todos mis predecesores. Mi raza podrá extinguirse tranquila de saber que cumplí mi cometido.

En el centro, de un ojo de agua cristalina, fluye un río hacia el cosmos. Del corazón de ese cuerpo líquido nace una flor que tomo entre mis manos, y allí justo en medio de una de las miles de semillas que conforman su corola estás tú.

Una criatura de exoesqueleto luminoso, frágil, como la espina dorsal de un esterión, rara avis de un mundo extinto y cuya referencia solo yo conservo. Te he encontrado al fin. Suspiro temeroso de romperte antes de extraerte.

Entre mis dedos tu maravilla refulge con la fuerza de un millón de estrellas. De alas poderosas, larga cola espinosa, rasgos dragonescos, cuerpo transparente y escamas iridiscentes.

Despiertas. Solo una mirada de tus mil ojillos que cubren tu torso basta para comprobar que esa leyenda que me transmitieron genéticamente mis antepasados es cierta: “Quien mire a los mil ojos de una gorgonium sideral quedará para siempre infectado de una enfermedad que muta y alarga la vida”.

Se abre y expande ante mi el ojo de agua de tonos dorados.

Después de haberme fragmentado en millones de partículas tu primer aleteo las empuja al torrente. Sin embargo antes de que sea devorado por su poderoso flujo, sucede el milagro, al integrarme a tu superficie.

Desde ese momento y hasta el fin de los tiempos ambos recorremos al universo ignoto convertidos en uno mismo… así pasó…

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…Así te digo querido trrhoxijo: Había una galaxia en lo más profundo de un grano de trupsjga. Allí en el centro —el cual estaba rodeado de miles de protones y neutrones y neutrinos y diminutos universos que ya nadie puede más que intuir— habitaba en un punto apenas perceptible para la tecnología más avanzada, un Ser fémino al que solo le bastó una gota del sudor de otro ser escamoso para renacer y florecer como hacen los seres que sobreviven de fotosíntesis cuyo nombre no recuerdo, como sí recuerdo que habitaron un planeta ya muerto ahora en un sistema solar en la vía láctea, con solo un sol.

Ese ser pulsaba su vida en repeticiones lumínicas que provocaban un sonido rítmico. Era bello verle hacer eso. Al tocarlo el líquido segregado por el Mutante aquel, La-Eso abrió sus crétalos como hacen las ratsikaz cuando van a devorar planetas cercanos. Su luz cambió y no conforme con ese fragmento acuoso del Mutante, lo succionó a él, poseyéndolo en su totalidad, queriéndolo engullir. Mas sucedió el milagro y éste se osmotixó de tal suerte que se convirtieron en un mismo wrantio.

Allí se dio forma a una nueva especie, la de los que viajan por el universo en forma de luz rítmica, de aquí para allá, entrando en los cerebros de los trrhoxijos que no se quieren inanimar para recuperar energía. Vaya si lo recuerdo bien mi amado trrhoxijo. No, no es una fantasía de esas que me contaban cuando era pequeño para hacer lo que ahora te pido que hagas tú. Dormir le llamaban aquellos seres del tercer planeta en ese sistema de un solo sol. Inmundos seres olvidados, desechados por sus creadores para exterminarse y exterminarlo todo a su paso… pero ya te contaré luego esa leyenda.

¿Que qué fue del ser? Nadie lo sabe trrhoxijo mío, nadie, ni siquiera nosotros Los Primeros. Deben andar por allí vagando en tu cerebro o el mío y en el de otros seres en este y otros cosmos, hasta el final de los tiempos. O quizás ya estén reiniciando su ciclo vital.

¿Sabes una cosa? yo creo que ese fue su destino pues no ha habido otros como ellos, ni habrá. No tuvieron trrhoxijos como tú, o como yo. Se alimentaban de ellos mismos, de sus haces, de su propia energía, insaciables, unidos para siempre en el mismo. Solo ellos y esa cosa que en las escrituras antiguas llaman TahmoRr…

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Viajaba en avión. Un hombre obeso ocupaba dos asientos a mi lado. “Los pagué”, dijo cuando llegué al mío, como justificando. “Pero no ronco”, acotó. El vuelo estuvo bien, nada del otro mundo. A mitad del mismo el hombre sacó del respaldo del asiento de enfrente una revista de esas que hablan de ovnis y aparecidos, y empezó a leerla. Tras hojearla un rato la dejó y yo la tomé. Allí hallé un fragmento escrito a mano que decía esto:
“Cuentan que un astronauta ruso de apellido impronunciable la vio primero pero no quiso compartirla en su momento. Él lo contaría ya entrada su vejez y pocos le creyeron pues pensaron que todo era producto de su imaginación senil. ‘No podré olvidarla nunca. Miraba a través del vidrio. Ya sabes cosas que uno ve sin mirar siquiera. La luna eclipsada hacía su trabajo de espejo. En esos sitios ese satélite te hace repensar quién y qué eres. Fue en un abrir y cerrar de escotilla, juro por Dios que así sucedió. Miré fijamente un punto en el vidrio, era negro como una mancha que se movía. De pronto se detuvo y al intentar descifrarlo un haz luminoso me cegó, parpadeé. A ese destello siguió otro y otro, y muchos más. Creaban una cadena, una línea que formaba una figura, era como un felino. Eran puntos que me recordaron las marquesinas los cines que conocí cuando era niño… Espero que cuando muera y si es cierto que regresamos de donde hemos venido, esa imagen me acompañe en mi último viaje’…
“Años después se sabría que eso que vio el camarada astronauta era la Constelación del Gato, una que pocos conocen pero que los científicos han descalificado siempre. Las brujas de viejo cuño sí la nombran en sus libros de siglos pasados. Es más la veneran pues dicen ellas con su sabiduría que de allí descienden. Seres antiguos como los universos. Y a ella se encomiendan cada que les surge un problema de vida o muerte. Yo sé que de allí te desprendiste tú que lees ahora, de la Constelación del gato. Por eso allí entre soles y lunas y polvo cósmico un día subiste y bajaste más sabia, más grande. Renovada luego de una operación que sólo Tú bruja pastora de mil cataclismos podría sobrevivir. Por eso tu alma gatuna ronronea sin cesar al cielo, a donde un día regresarás… Por cierto si allí ves a un astronauta que habla del tamaño de la verga de Rasputín, y sus tropelías, y los zares, me lo saludas”… así pasó…

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