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Posts Tagged ‘soñar’

Hoy, precisamente hoy, me despertó el movimiento brusco, involuntario porque estabas dormida, cuando te rascaste en tu costado derecho, justo debajo de tu herida de vida.

Debo decir que cada que puedo me entierro en ti, debajo de tu costilla, la penúltima, la más linda y cómoda, para dormir a mis anchas.

Para mí es el lugar exacto para renovar mi amor, ahí en ese lugar cálido que guardas debajo de tu seno; en donde me inyecto en forma de espina y me cobijo con tu piel lisa.

Allí, asomando hacia el exterior solo una parte de mí, la más puntiaguda imagino, embelesado, que tus lunares son Las Pléyades, la constelación favorita de nosotros los pleyadianos…

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Camino por la calle central de Ciudad Puta. El cielo es rojo y cambia a la escala de los morados. El frío me acuchilla sin piedad. Aprieto mis brazos, tratando de conservar un poco de mi calor.

No me gusta andar por la vida chillando, como puerco, pero cuando andamos desconectados, aunque sea brevemente, me pega más el clima.

Tengo unos cuantos céntimos y con ellos me encamino a una Máquina de Ensoñación, de esas que son baratas y están de moda para seres como yo que buscan paliar un poco ese mal, llamado melancolía.

Me siento, acomodo mi cuerpo, tomo las monedas, antiguas debo decir, y con la esperanza que las acepte en su alcancía. El armatoste está húmedo, pero soporto el asco. El último que la usó es un tipo con el que me crucé en la esquina, iba brilloso de cebo, sudor y lágrimas. Lloraba y lloraba, jadeaba, limpiaba sus mocos y sorbía entrecortando la respiración.

No me importa, solo quiero “sentirte”, como sea, por el tiempo que sea, a la distancia; con la fuerza del oleaje de tu presencia, impresa en mi cerebro.

Guardo silencio. Nada pasa. No entiendo por qué, si ya hizo el cobro esta cafetera. El miedo de la frustración me da ánimos para golpear la “Ensoñadora”, sin que me duela el puño. Mi asiento vibra y me recuesto de nuevo.

Un gato maúlla rozándose en mis tobillos. Lo pateo y en ese momento la máquina inicia el ciclo. Sonidos de cortos, chirridos. Una prensa aprieta is sienes y lanza un haz eléctrico… me sumo en un hoyo tan profundo como el corazón de un asesino.

La experiencia soñarrera dura, me parece, apenas un par de minutos. Te vi, te estrujé, te abracé, te apretujé las carnes;me introduje en ti, con tal vehemencia, que me convertí en líquido viscoso, caliente.

Babeo. Con sonrisa idiota me levanto, ya hay fila. Unos cuentan sus monedas, otros limpian sus tatuajes o sus tarjetas. Esto es un privilegio que cualquiera puede vivir, por una módica cantidad.

Unos teclean sueños, recuerdos, anhelos, aspiraciones… todos los seres de esta urbe, como en el planeta, nos parecemos: Compartimos la forma más dura y cáustica del dolor: la de la ausencia.

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Sueño.

Hundo mis manos en el cieno del olvido.

Mis dedos tocan objetos de mis yo de esta y otras vidas.

Desdoblado sobre mí, me veo buscando algo que no adivino.

Mis ojos, mis movimientos son frenéticos.

Al fin hallo un recuerdo que no es mío, sino implantado por mis padres, luego otro.

Los junto a mi lado para quemarlos después.

Por un momento siento que podría caer.

Temo.

Desisto.

Mis antebrazos están sucios.

Pero antes de que claudique las uñas chirrian con una superficie de eso que, al fin, he hallado.

He dejado los recuerdos de mis padres, ya no me sirven.

Avanzo en la noche de mi memoria, a paso lento, seguro, feliz, abrazando el inolvidable objeto de mi deseo, recuperado, el mismo que de vez en cuando observo con sonrisa idiota, con el rabillo del ojo.

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Soñé tranquilo. Yo de pie en medio de un mar de ojos. Las garras al cielo. Una cascada de luz mercurial me bañaba. Meditaba. Peces dorados entraban por mis fauces y se perdían en mi inconsciencia. Una voz que no era la mía le hablaba a los seres de ese lugar. Sin saber por qué los felicitaba por ejercer su derecho a la autodestrucción. Sonreía a carcajadas. Extendía mis alas monstruosas y volaba arrojando fuego a todo ser viviente. Un Dios que yo no conocía intentaba detenerme pero con un soplido lo convertía en un ramillete de colas de rata que me tragaba de un bocado… Aburrido de tanta destrucción abandonaba ese planeta y despertaba en una cama como la mía, con una familia igual. Dormía tranquilo. Me soñaba caminando sobre la superficie de un mar de ojos… así pasó…

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