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Posts Tagged ‘relatos de amor’

“Sus labios guardaban todas las líneas dibujadas por las olas en la mar embravecida. Su piel estaba llena de dunas milenarias…”

Así la imaginaba, mientras deslizaba la pluma por el papel aún desierto de tinta.

Cerré los ojos y me perdí en la superficie escamosa de un sueño que aún saboreo en las encías.

Siguió escribiendo:

“Con la calma de esta mañana nublada anclas tu recuerdo entre mis hemisferios y te columpias frente a mis ojos atónitos.

Te desgasto de a poco, con mi simple mirada.

Te deshago las dunas, grano a grano, y hallo un oasis.

Muero en ti, mientras me baño en la humedad de tus costas…”…

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Te desayuno como lo hacen los reyes, o Armando Manzanero, con calma, con todo el amor que tengo, con toda el hambre que te tengo, con toda la golosidad que te tengo, con todo y mis dientes y mis colmillos, y mis muelas de piraño alado; babeándote, engulléndote, regurgitándote para luego volverte a mascar y a degustar, y a tragar en partes, de cuerpo entero, con todo y pelo y sueños y taras y diablos…

Lo hago como creo que se te debe comer a ti Gorgona, a pequeñas dentelladas y lambidas extenuantes.

Así lo hago aquí, ahora, desde hace muchas vidas, en otros mundos incluso, en otras realidades.

Desde que, quizás, éramos seres mitocondriales, o entes unicelulares.

Desde que antes de que el tiempo fuera tal…. 

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Parpadeo. Hurgo en la negrura.

Imagino tus ojos amorosos, al fondo de la cueva de mi consciencia.

Azorado, temeroso, esperando lo peor, los veo acercarte a mí.

Siento la tibieza de tu cuerpo que mitiga mi frío, y tirito de emoción, en medio de la noche tachonada.

Sonrío con gesto idiota, como el cavernícola desamparado que soy.

Y como él, me abrazo a tu cuerpo, aluzante, con la viveza de una fogata.

Y así, descubro como hizo ese ser bípedo, hace millones de años, por primera vez, el fuego…

El tuyo…

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Alados mis pies, me llevan a ti

Aladas mis manos, me llevan a tocar tu extensión inaudita

Alados mis sueños me conducen a tu ser

Alados mis labios me llevan a degustarte

Alados mis labios me llevan a nombrarte Eterna

Alados mis ojos me llaman a mirarte tu sol y tu sombra

Alados mis oídos me exhortan a escuchar tu rumor de desierto

… Siempre tú.

Tú, mi Roma

Tú mi imperio

Tú, mi tierra

Tú mi lugar feliz

Siempre Tú…

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Hoy, precisamente hoy, me despertó el movimiento brusco, involuntario porque estabas dormida, cuando te rascaste en tu costado derecho, justo debajo de tu herida de vida.

Debo decir que cada que puedo me entierro en ti, debajo de tu costilla, la penúltima, la más linda y cómoda, para dormir a mis anchas.

Para mí es el lugar exacto para renovar mi amor, ahí en ese lugar cálido que guardas debajo de tu seno; en donde me inyecto en forma de espina y me cobijo con tu piel lisa.

Allí, asomando hacia el exterior solo una parte de mí, la más puntiaguda imagino, embelesado, que tus lunares son Las Pléyades, la constelación favorita de nosotros los pleyadianos…

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Arranco tus ojos con mis garras.

De sus cuencas mana un poco de sangre, un poco de negrura…

Con ánimo cachorro, de perro de raza enormes, espero paciente, sentado frente a ti, feliz, a que despiertes y “veas” de nuevo.

Tus primeros estertores provocan que las líneas que pintan tu faz se entrelacen.

Me enamora esa forma tan tuya de renacer en mí memoria.

Mastico tu ojo y lo exploto en mi hocico. Trago.

Sigo esperando.

Del fondo de tu cabeza surge la luz que estaba esperando. Juro que el destello me enceguece.

Aprovechas mi vulnerabilidad momentánea, te incorporas y de un movimiento de colibrí, como todos los que haces cuando estás en peligro, me extraes en perfectas condiciones mis globos oculares, y los pones en tus cuencas.

—”Sigamos jugando” —dices mordiéndome medio rostro.

Me siembras en el pecho sentimientos que ya no usas.

Caigo a tus pies.

Ríes con tu risotada giganta.

Odio la soberbia de tu voz cuando ganas.

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Merodeo tu deseo, cuando te despiertas y me sonríes con tus avellanas pulidas; cuando recibo tu aliento caliente y oloroso a tus bacterias muertas; cuando la maraña de tu pelo crea, desde mi perspectiva, una intrincada red atrapasueños, los míos; cuando me imprimes un poco de ti con el sello de tus labios y entornas tus párpados; cuando te acaricio el sexo, tibio, y arranco un pedazo, grande, de tus muslos de pan.

Acecho tus ganas cada que te miro en perfecta toma contracenital, encima de mí, larva informe; de pecho flácido y entrepierna acerada; cada que te susurro palabras de un idioma que nadie entiende; cada que te rodeo por la espalda con tentáculos de Cthulhu; Kraken que se introduce por todos tus orificios, con todo mi yo, y que te invita a regresarme, a veces gentil, a veces violenta, los tientos.

Así vivo, y así quiero seguir, si tú quieres, hasta que tú digas, hasta que nos hagamos una masa amalgamada de esas que son noticia en el Planeta de lo Insólito, porque se han hecho una misma cosa, diferente a los que fuimos, entrelazadas, en mente, piel y huesos.

Libres, estando porque quieren estar, sin atavismos, por el amor a ese que somos uno con el otro, y sin el otro, y así…

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