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Posts Tagged ‘relatos cortos’

“Sus labios guardaban todas las líneas dibujadas por las olas en la mar embravecida. Su piel estaba llena de dunas milenarias…”

Así la imaginaba, mientras deslizaba la pluma por el papel aún desierto de tinta.

Cerré los ojos y me perdí en la superficie escamosa de un sueño que aún saboreo en las encías.

Siguió escribiendo:

“Con la calma de esta mañana nublada anclas tu recuerdo entre mis hemisferios y te columpias frente a mis ojos atónitos.

Te desgasto de a poco, con mi simple mirada.

Te deshago las dunas, grano a grano, y hallo un oasis.

Muero en ti, mientras me baño en la humedad de tus costas…”…

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Parpadeo. Hurgo en la negrura.

Imagino tus ojos amorosos, al fondo de la cueva de mi consciencia.

Azorado, temeroso, esperando lo peor, los veo acercarte a mí.

Siento la tibieza de tu cuerpo que mitiga mi frío, y tirito de emoción, en medio de la noche tachonada.

Sonrío con gesto idiota, como el cavernícola desamparado que soy.

Y como él, me abrazo a tu cuerpo, aluzante, con la viveza de una fogata.

Y así, descubro como hizo ese ser bípedo, hace millones de años, por primera vez, el fuego…

El tuyo…

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Alados mis pies, me llevan a ti

Aladas mis manos, me llevan a tocar tu extensión inaudita

Alados mis sueños me conducen a tu ser

Alados mis labios me llevan a degustarte

Alados mis labios me llevan a nombrarte Eterna

Alados mis ojos me llaman a mirarte tu sol y tu sombra

Alados mis oídos me exhortan a escuchar tu rumor de desierto

… Siempre tú.

Tú, mi Roma

Tú mi imperio

Tú, mi tierra

Tú mi lugar feliz

Siempre Tú…

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Arranco tus ojos con mis garras.

De sus cuencas mana un poco de sangre, un poco de negrura…

Con ánimo cachorro, de perro de raza enormes, espero paciente, sentado frente a ti, feliz, a que despiertes y “veas” de nuevo.

Tus primeros estertores provocan que las líneas que pintan tu faz se entrelacen.

Me enamora esa forma tan tuya de renacer en mí memoria.

Mastico tu ojo y lo exploto en mi hocico. Trago.

Sigo esperando.

Del fondo de tu cabeza surge la luz que estaba esperando. Juro que el destello me enceguece.

Aprovechas mi vulnerabilidad momentánea, te incorporas y de un movimiento de colibrí, como todos los que haces cuando estás en peligro, me extraes en perfectas condiciones mis globos oculares, y los pones en tus cuencas.

—”Sigamos jugando” —dices mordiéndome medio rostro.

Me siembras en el pecho sentimientos que ya no usas.

Caigo a tus pies.

Ríes con tu risotada giganta.

Odio la soberbia de tu voz cuando ganas.

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Meo. El baño es tan amplio como limpio.

Es un centro comercial o edificio de oficinas o un consulado, da igual.

Junto a mi pie izquierdo piso un agujero; es una coladera sin tapa, de donde imagino, podría salir una rata que, si tuviera suerte, podría degollar de un puntapié. Se siente bien la distensión de la vejiga.

Levanto mi cuello de oso, hago un movimiento de mis omóplatos, regodeándome en el placer.

Sacudo mientras la luz tiembla. Me acomodo y cuando estoy a punto de mover mi cuerpo de oso una cosa llena de pelo sale, delgada, por el agujero del suelo, y de un movimiento certero me arrebata la pierna hechiza, y caigo cuan oso soy.

Al chillido que, me digo convincente, es una risilla, precede la desaparición de mi extremidad de metal y plástico. tirado en el suelo miles de roedores me cubren en un segundo… pero nada ha sucedido.

Ha sido solo mi miedo. Me levanto como puedo y meto la mano en el agujero por donde eso se llevó mi pata…

y aquí sigo, horas después tratando de sacarla…

No sé cómo le explicaré a mi mujer que no podré llegar a cenar…

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