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Posts Tagged ‘planeta’

Dentro de un envoltorio pulposo —lo sé porque desde dentro se siente como una vaina suave, cálida, semitransparente— palpito con un ritmo primario, intuyo las sombras. Siento en mi ser, de forma cilíndrica, algo que recorre mi dermis.

Sin extremidades, sin rostro, si acaso unas alas que siento poderosas, estridulan, emitiendo un sonido que atraviesa el denso exterior. Un ser alado, se acerca graznando, atraído por el aroma y el ruido que evito al hincharme, abre mi crisálida con delicadeza, me extrae tomándome de una de mis puntas.

En un movimiento preciso me eleva y, suspendido en el aire, me hace un agujero por donde escurro en su interior. Su pico, tráquea, esófago, estómago me reciben…

Mis alas se separan, las soslaya, no las apetece.

Vuela alejándose conmigo dentro de si. He cobrado conciencia de haber iniciado mi proceso de adaptación en esta nueva etapa evolutiva.

Mis partículas mínimas ingresan a su sangre, llegan a su cerebro y allí tomo el control de su cuerpo escamado. Mis alas han quedado en el suelo estridulando no sin sentido, pues como muchos otros seres que, arrancados de sus cuerpos, y, aunque sea fragmentados, reivindican la vida.

Eso pienso en mi nuevo cerebro que se llena de imágenes y maravillas inéditas, relampagueantes, mientras vuelo hacia otros cielos, acompañado de otros que, igual que yo, hemos iniciado la invasión en este mundo, mientras la vida crece, irrefrenable, allá abajo ante nuestro paso, indiferente…

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Me hallé a mí mismo, sentado sobre el lomo de un gusano gigante: ella peinaba sus serpientes mientras canturreaba una tonada insípida. De la bóveda caí lenta y pesadamente a su lado. Sabía que al tocar la superficie yo moriría irremediablemente. No sentí miedo, ni tristeza, ni nada. Es más mientras eso sucedía, tuve tiempo de escribir sobre una hoja de romero esto que a continuación leerás:

“Una luna de papel desprendida de un cielo de papel, cayó sobre una mar de papel a la velocidad de una bola hecha con papel cuando cae en un cesto de basura para papeles que uno quiere olvidar para siempre. Porque si no existiese el “para siempre”, uno podría perderse en “los nunca” o en “los jamases”, pero yo como muchos prefiero ser un ojo de papel -quizás una etiqueta- sobre la noche de papel entintado, e imaginarme que soy el mejor papel que nunca había sido, ese tan desconcertante porque nadie lo esperaba… Apenas un pedazo de papel flotando sobre un charco de sangre negra en el que miles de sueños perecieron pensando que pudieron ser un mejor papel, pero que de plano no llegaron a ser ni papel, ni argamasa ni chisguete de tinta, ni ni madres… Un planeta de papel, pendiendo de un tendedero para papeles cuadrados de esos que uno pinta con luz y unos pocos químicos y que cuentan historias inolvidables. Eso soy o eso me siento o eso me hago sentir o eso quiero sentir o eso quiero hacer que siento. Soy una hoja llena de historias propias perdida, de líneas sin orden ni sentido; hoja guardada entre las páginas de un libro que ya fue abierto y cerrado mil veces por nadie o el universo o el destino o un Dioshijodeputa que se limpia el culo conmigo y me arroja en un bote donde van/vamos a parar yo y el resto de los seres de papel en los que todos escriben lo que quieren hasta que yo/ustedes/ellos/nosotros deciden/decidimos que (d)escribirnos a nosotros mismos es mejor que otorgarle tal privilegio a los imbéciles, a quienes no saben de palabras, ni imágenes ni palabras ni almas ni amores ni sufrimientos ni desamores… Toda la vida será mejor escribir en la propia superficie de uno mismo, superficie de papel caída de un cielo hecho de papel, aunque la caligrafía nadie la entienda…

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