Feeds:
Posts
Comments

Posts Tagged ‘narrativa’

Sonríes y hasta el centro de mi caja torácica resuena el riachuelo que emanas.

Imagino tus ojos sonrientes, alados, separándose de tu cara, revoloteando juguetones con trinos eternos, volando por el mundo, hasta que vienen a bañarse en el agua cantarina que me atraviesa por la mitad…

Read Full Post »

Languidece la tarde. Entre las calles empedradas el sol recoge sus olanes. Opaco, frío, el haz que deja tras de sí invita a tomar café. Niña camina al lado de Pepe. Erguido, de mirada lejana camina por esas calles antiguas que vieron pasar miles de vidas desde tiempos coloniales.

—Mijita, empieza a hacer frío, ¿se te antoja una taza de chocolate?

La pequeña asiente y entran a una cafetería de techos altos y calor de fogón.

Se sientan juntos y él empieza a hablar. Ella atiende cada frase sin perderlo de vista, y entre las nubes que teje para ella con los hilos de sus historias, sus ojos de lago brillan, se estremecen, dudan, sonríen, siempre sonríe.

Las imágenes se replican en su mente vivaz, y dan paso a cuentos extraordinarios, leyendas y relatos de tiempos que a ella le parecen salidas de un libro fantástico.

Pepe González ha sido muy reconocido porque sabe muchas historias heredadas, vividas e imaginadas, por eso es famoso y querido. Es un buen hombre, suelen decir de él.

Terminan y salen del lugar, más felices. Él, porque entiende que una vez más ha cumplido su cometido, amar a su pequeña y consentirla. Ella porque intuye que esa imagen, como muchas otras, la acompañará para siempre y, no lo sabe aún pero un día, cuando esté muriendo, él vendrá a por ella, la abrazará de nuevo con sus brazos de roble y la llevarán consigo.

Read Full Post »

Nos encontramos en este plano, aunque creo que ya nos habíamos cruzado en otros. I. es reservada y taciturna, de mirada de lince, nada se le escapa, ni los sueños de uno, ni los diablos de otros metidos en escondrijos intrincados.

Por ella no pasa el tiempo, es inmune.

El suyo es el cabello de las gorgonas y es sabia por vieja y por sabia. Ha vivido varias vidas, y las recuerda todas con una alegría melancólica, agridulce, pero siempre desde el aquí y ahora.

Cuando baila, las almas de todas las odaliscas la poseen, y mientras lo hacer, sonríe. La sonoridad de su sonrisa tiene la fuerza del agua, puede abrir montañas de una sola vez.

La he escuchado hacer de su voz un estruendo que atraviesa las mentes obtusas y escucha las tormentas del otro… a veces yo he sido ése, y por eso le agradezco.

Me ha regalado perlas negras de sabiduría que, lo he visto, le comparten sus espíritus amigos, cósmicos, esos que esconde detrás de sus ojos.

Le llaman distraída, pero yo sé que por lapsos puede conectarse con el universo, y son esos momentos en los que recibe esas perlas que regala a los suyos, aunque no todos las recibamos.

Hace unos días platiqué con ella, y entre lapso y lapso me obsequió esta joya: “El amor puede ser sublime y universal”.

Read Full Post »

25 agosto de 1949. El sol ilumina de poco el cuarto en esa calle perdida de Ciudad Puta. El niño Abraham se levanta con el pelo revuelto, los trinos de los pájaros y los perros de la vecindad que ladran por todo, por nada, lo han regresado de sus sueños.

Sus grandes ojos buscan a su madre, y se iluminan cuando la encuentran yendo y viniendo, de un lado a otro, con varios pares de manos, despachando a un hijo, al otro, sirviendo té limón con un chorro de leche, ablandando el bolillo en un comal, partiéndolo y embadurnándole mantequilla con unos granos de azúcar; despertando a otro de los hermanos, y cubriendo a los dos más pequeños.

El padre se ha marchado a trabajar. Su hermano mayor Chicol lo mira, sentado, y le sonríe levantando el mentón en forma de “Buenos días”; ambos se rascan al mismo tiempo la cabeza. La coincidencia les provoca risa cómplice.

Benita se toma un respiro, para beber un café de olla. Le gusta porque su aroma le recuerda su niñez, pero sobre todo los tiempos en los que, una vez terminada la guerra revolucionaria, llegó a esta ciudad creciente, de la mano de su papá Guillermo y su mamá Demetria al barrio de la Merced.

Con un gesto llama a su pequeño, enclenque como todos sus críos. Lo besa y lo abraza, al tiempo que lo sostiene en el regazo y le canta “Las Mañanitas”, al oído.

—Hoy es tu cumpleaños Abraham Luis, por eso cuando regrese de vender te traeré un regalo.

El chiquillo toma asiento y la silla chirria. No entiende bien del todo pues los ecos de su ensoñación aún lo embriagan, pero siente esa cosquilla que años más tarde reconocerá como felicidad.

—Ma’, ¿por qué me llamo Abraham Luis?

—Hace muchos, muchos años, hubo un rey llamado Luis que cuando murió la iglesia lo nombró santo, y le dio un día en el santoral, que es hoy, y como tú naciste un día igual, eres Abraham Luis, Luis Rey de Francia.

El chico da pequeños sorbos al té, y Chicol le pega un puntapié cariñoso.

— ¡Eres un rey! Mira nada más.

—Sí, soy un Rey, Luis Rey de Francia, Abraham Luis Rey de Francia.

El impasse ha terminado, Benita debe apurarse a preparar sus cosas para ir a vender peinetas, pasadores, ligas, peines en una tabla, en los mercados. Sabe que si no lo hace no tendrán para comer ella y sus ocho hijos.

—Apúrate Chicol, Tráete la caja nueva de peines, que ya es tarde.

Sale la mujer, reacomodándose la larga trenza que anudó más temprano, echándola para atrás de su nuca. Es fuerte, menuda. Sus rasgos indígenas se acentúan aún más con su mandil que nunca se quita.

Antes de salir, le encomienda a Abraham cuide de sus hermanitos. Quiere decirle un “te quiero hijo” pero no le sale nada, solo una sonrisa que vale igual.

Abraham Luis se queda contento, hoy cumple 4 años y con un nuevo orgullo, desconocido para él hasta ese momento, porque nació el año en que acabó la Segunda Guerra Mundial y el día en que un nuevo santo fue incluido en el Santoral católico. Sonriente toma un pedazo de madera que hace sonar como auto en el suelo polvoso, y entre acelerones, enfrenadas, runes, chillidos, competencias y volteretas, lo hace recorrer el camino desde ese cuartucho hasta Francia que, imagina, es un lugar lejano, lleno de castillos y reyes quienes seguramente son tan felices como él.

PD: Feliz cumpleaños Papá.

Este post fue actualizado debido a que lo compartí en mi muro de Facebook, y creo que se complementa bien, con escrito…

Suena el teléfono. En mi patria chica suena la voz de mi padre, que responde con una felicidad genuina, parecida a la que experimento también cada que me cuenta de nuestros momentos compartidos, que no han sido tantos como hubiéramos querido. Luego del intercambio de saludos pregunto cómo la pasó en su cumpleaños 75, y me dice que muy bien. Puedo leerte algo papá? Es un cuento que escribí por su cumple, a partir de una anécdota que él me contó hace años. Acepta sin saber, ni él ni yo, que estamos a punto de abrir una puerta hacia los cienos de nuestras emociones no expresadas. Perdimos muchos años disfrazados de “machos alfa”, pero ya hemos recuperado ese tiempo. En fin, se lo leo, y en la última línea, una bola de pelo y lágrimas me enmudece, como si me atragantara con una cactácea. Él solloza igual. Termino la lectura, y luego de escuchar sus comentarios, que se tornan en plática, colgamos con una sonrisa y la felicidad de saber que una vez más, hemos restablecido una conexión que creíamos perdida para siempre.

Read Full Post »

—El mundo termina aquí —dijo él.

—Pero aún falta mucho por ver —respondió ella.

—Sí, pero hasta este punto llegas tú.

Enseguida él la tomó de los brazos y la acercó al precipicio. Ella miró un segundo, giró la vista hacia otra parte y cerró los ojos; ese lugar infinito le ofrecía una visión a lo desconocido, que la horrorizó.

Él no sintió nada. Ni miedo, ni tristeza, nada.

El silencio entre los dos se acentuó, de súbito reconocieron que se repelían, algo que ya sabían pero que ninguno aceptaba desde hacía mucho tiempo.


Luego de intercambiar miradas, él se arrojó sin vacilar.

Silencio.

Sin ayes, ni gritos innecesarios.

La ventisca que deja el aire rasgado sin final.

El Rumor de las nubes golpeando la montaña.

Entonces la mujer echó un último vistazo al abismo.

Él parecía suspendido cayendo para siempre, se lo veía sonriente, abriendo los brazos.

Ella dudó.

—Claro, hasta aquí llego yo.

Sonrió.

Enjuagó sus lágrimas y continuó su camino a otra parte, sola…

Read Full Post »

Mi mamá, quien era una mujer muy sabia, doctorada por La Vida, una maestra implacable en una universidad muy exigente e hijueputa si uno no responde a la altura en cada prueba o clase que dicta, apenas acabó la primaria, pero le gustaba mucho leer historietas.

Por ella conocí de primera mano, que había historias que se podían contar. Cuando era un crío acompañaba a mi madre a cambiar las revistas, y mientras ella escogía, yo buscaba al Capulinita, a Periquín, el Simón Simonazo.

En una colonia en la que no había drenaje, ni servicios públicos básicos, perdida en los confines de Ciudad Netzahualcóyotl, cualquier opción de distracción era viable.

Así, conocí por mi madre El Libro Vaquero, Vaqueros Indómitos, El Libro Semanal; pero fue gracias a “Novelas ilustradas”, que supe quiénes eran Juan Valjeán, Romeo y Julieta, Sandokan, y muchos, muchos más.

Tuve una tía, cuyo cuerpo fue devorado por las ratas al morir, abandonado a su suerte, por quién conocí a Rarotonga, a John Barry, a Kaliman, a la Familia Burrón, a Mafalda.

Tuve un primo de nombre Valentín, quien murió consumido por las drogas, por quien conocí en comics a Los Vengadores, a Hulk, a Spider-Man.

Tuve una profesora en el CCH, de quien aprendí, entendí, que la lectura —al igual que un concierto o pintura o escenificación— provocaba placer, “cambios” en el lector… y así continué leyendo, voraz, todo lo que caía en mis manos desde entonces.

Gente muy querida me ha etiquetado en ese reto de publicar portadas de libros, sin explicación, pero como me precio de ser “contreras”, decidí esperar el momento y hallar una forma de compartir esto que puede parecer tedioso, pero que creo que dice más de mí, como lector, esto que acabo de escribir,  que si presumo que he leído mil libros en  mi vida.

Amo  leer, casi tanto como escribir; me gustan las novelas, los buenos reportajes, las crónicas; la poesía, las buenas historias, bien contadas; odio los libros de superación personal y sus autores de recetas mágicas par la vida. Amo la música.

Me gusta escuchar, me gusta hacer amigos, conservar a los que tengo; amo a mi familia, a unos más que a otros, claro, como debe de ser.

Amo a mi mujer, a mis hijos, viajar, comer, cocinar, departir, el tequila, el mezcal, la cerveza.

Todo esto a cuento de que tengo no solo 10 libros preferidos, Juan Rulfo sus dos librazos; del Gabo 100 años de Soledad y casi todo el resto; de Saramago “El Evangelio…”; de Ridzard kapuczinsky (¿así se escribe?) sus reportajes; de Poniatowska “Leonora”, “Hasta no verte…”; de Monsi, su libro de crónicas “Amor perdido”, de José Joaquín Blanco, casi todo como cronista; José Emilio Pacheco me voló la cabeza, Octavio Paz y sus imágenes; Roberto Bolaño; Carlos Fuentes y su “Aura” o “La Muerte de Artemio Cruz”; Mario Bendetti y “El cumpleaños de Juan Ángel”; la compilación de Edmundo Valadez “El Libro de la Imaginación”, que inspiró mis “Así pasó…”

Y así muchos, muchos más, “culteranos e incultos”, je, si cabe la expresión.

A quienes me etiquetaron en su momento, gracias por acordarse de mí, los abrazo fuerte…

Agustín Martínez, Rafael Mejía, Francisco Millán, Hugo Troncoso, Araceli Valencia, Luis Enrique Olivares, y a quien me faltó también, je.

No etiqueto a más nadie porque ya lo dije, “soy contreras”. por su atención, grax.

Read Full Post »

El sol despunta con sus amarillos y rojos, adormilado. Su calor empieza a calentarlo todo, o casi…

—¿Quieres saber qué siento?

— Sí…

—Nada.

—…

—Hace mucho que no siento nada. ¿Estaré muy mal?

—Depende.

—¿De qué?

—¿Quieres sentir?

—No.

—Entonces no tienes problema. Eso hace la vida con algunos de nosotros; nos baña el alma con hielo…

Antes de enfundar la pistola, escupió a los cuerpos, aún tibios. Tosió y el sabor de su propia sangre en la garganta lo hizo arquearse.

Ambos se subieron a la camioneta, recién robada, y emprendieron el camino hacia el norte. Todo estaba hecho. No había nadie a quién matar. El último herido se desangraría antes de llegar a ninguna parte.

—Voy a morir pronto…

—Lo sé.

Jose encendió un cigarrillo sin filtro, saboreó el tabaco obscuro, y le invitó uno a Martín, éste negó con la cabeza, pisó el acelerador a fondo y le subió el volumen a la radio. Sonaba un corrido de los Tigres del Norte…

Read Full Post »

Dos niños juegan en el umbral de una fuente.

Soldados de plástico en sus manos adquieren poderes impensables.

Sus expresiones onomatopéyicas parecen enardecer el agua.

El cielo se cierra.

Ríen con sus bocas de dioses creadores de vida y destinos.

Un desacuerdo entre ellos basta para que ese episodio homérico acabe mal.

Uno de ellos grita con voz de Poseidón que los muñecos son suyos.

El otro toma al pequeño ejército y lo arroja furioso, lejos del oleaje producido por los tubos que lanzan chorros de agua 5 a 6 pm.

Clavado en su sitio, el dueño de los soldaditos, pasmado por la acción intempestiva, reprime un puchero, estoico.

Imposibilitado para ir por ellos, colérico, toma su tridente, levanta su temblorosa cola de pez y se abisma en el fondo del agua…

Read Full Post »

Ayer vi a mi madre.

Yo dormía profundamente cuando sentí sus cálidos dedos huesudos alisando mi pelo, como cuando era un crío y me despertaba con besos en la frente.

Me dijo: hola hijo ¿cómo has estado?, bien madre, ¿y tú?, le dije.

Desde sus ojos hundidos, me hizo saber cuanto me ama.

en ese instante abrí los ojos pero alcancé a escucharla:

“Igual que siempre… muerta”…

Read Full Post »

I

Ocurrió en una planicie sin fin.

Era una extensión sin interrupciones, sedosa, bella.

El sol la besaba sin prisa.

Yo era una ala de mariposa que flotaba apenas rozando su superficie perfumada.

A veces trompicaba, a veces levantaba el vuelo en remolinos y caía lentamente, como hacen esos insectos que dominan el arte de caminar sobre el agua sin hundirse.

Anochecía y los últimos rayos de luz matizaban mis colores.

II

Una ráfaga me lleva a un confín ignoto.

Girando en sentido inverso a las manecillas del reloj, veo un precipicio circular.

Conforme me acerco crece, hasta convertirse en una boca del infierno; desdentada.

Una última corriente me eleva antes de dejarme caer en su centro.

La oscuridad me traga en un santiamén.

Soy devorado por esta inmensidad, y me abismo resignado mientras me deshago grano a grano, dejando entre las paredes de este agujero de carne trémula, una leve pero densa nube de polvo parecida a los sueños…

Read Full Post »

Older Posts »