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Posts Tagged ‘México’

I

Muero como todo el mundo, poco a poco, día a día. Cada momento de vida es un avance más hacia la muerte. No temo, para qué, nada importa. Morir y vivir son extremos que se tocan, y yo los anudo gustoso. Mi madre decía que cuando morimos se nos permite ver nuestro cuerpo y despedirnos de él. Yo creo que así es, pues cuando ella falleció me pareció verla sentada junto a mi tía Martita, quien luego de unos años se le unió. Mi abuela me decía cuando yo era apenas un crío que sus antepasados indígenas creían que al morir regresamos por nuestros pasos. Así o creo también pues cuando ella pasó a mejor vida, una vez la soñé deambulando por toda la casa y afuera la vi inclinarse a tomar huellas dejadas por su cuerpo. Parsimoniosa como era ella, me veía y se despedía con un movimiento de mano —la que le quedaba libre de pasos—, antes de emprender el regreso a su pasado.

A nadie he olvidado, pues sé que al fallecer  si uno es olvidado muere dos veces. A mí no me gusta matar gente, y menos a los míos, y menos si ya están muertos…

II

Enfermé una mañana en el trabajo. Los médicos diagnosticaron Síndrome de muerte lenta: Psoriasis, dolores de cabeza, pérdida de la visión, agotamiento, pérdida del aliento, desgano crónico, pérdida de la confianza. Lloriqueos nocturnos, toda una calamidad. Al final todo me producía un estado de ansiedad y negligencia de vida que me orilló a tomar la decisión de quitarme la vida, de un golpe, o mejor dicho de un salto al vacío.

Desde entonces vengo precisamente este día a comer y a beber cada año. Y me reúno con mis otros yo que fui, y converso con ellos y velamos a gusto, alrededor de las veladoras, deshojando flores de cempazúchitl; repasando quiénes fuimos, qué hacíamos, cómo reíamos, cómo sufríamos, gozábamos, y cómo logramos llegar completos desde que nacimos hasta nuestra hora.

Han pasado muchos años, creo, y aún no logro descifrar si algo me sucedió pues a pesar de que cada vuelta al sol regreso a este mismo sitio, aún no he podido ver a nadie de mis familiares muertos. Quizás solo a mí me ha sido vedado hacerlo, y ellos sí se encuentran en estas fechas. Quizás ellos me están buscando, o quizás no pues ni saben que ya estoy muerto; o peor, que ellos mismos no saben que lo están. Lo más extraño es que tampoco he podido hallar a quienes ponen esta ofrenda tan linda, con colores y sabores que me resucitan, ni la calaverita de azúcar con mi nombre.

Y siempre me digo a mí mismo: No desesperes Galicia, quizás el año que viene puedas ver a alguien. Y es que aunque me caigo muy bien y me encanta venir a disfrutar de lo que me preparan, pienso que sería excelente escuchar a otros, abrazarlos como antaño, besarlos, estrecharlos.

Sobre qué me sucedió no recuerdo mucho, apenas que perdí la cabeza tras la última consulta con los doctores, y me arrojé desde lo alto de mi ego, y mi cuerpo no soportó la caída. No tengo claros los detalles pero he tenido la suerte de “revivir” lo que hizo mi abuela, y por ello tuve tiempo suficiente para reflexionar sobre todo recogiendo mis andares, y tratar de entender por qué lo hice…

Muero como todo el mundo, poco a poco, día a día, pero muero quizás un poco más que el resto, porque el olvido me abraza cada vez más, y me diluye con la rapidez con que la humedad desgasta mi antigua imagen en una fotografía en blanco y negro que yace arrumbada en un álbum viejo…

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