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Posts Tagged ‘mamá’

Nació casi en la tercera década del siglo XX, en una región tan agreste y mágica como su propia historia —solía decir que en Nochistlán se fundó la primera Guadalajara—. La conocí ya “cansada” o “domada” como decían algunos de los suyos. Y la imagino con toda su enormidad en esos pocos años que compartimos plano, viaje, que no puedo imaginar sus versiones duras, ni quiero, para qué, si de ella solo recibí buen trato, respetuosas reprimendas, y luego cariño a su manera.

En sus ojos de capulin, hechos de abismos centenarios, guardaba regionalismos o frases de sus tiempos de muchacha, en ese pueblo heredero de cascanes, de donde, seguro, aprendió a ser territorial, a valorar y a optimizar los pocos o muchos recursos que le llegaban o que se proveía.

Un poco maga, un poco hechicera, un poco alquimista, hacía pan de la nada y daba de comer a tantos que, cada semana, cocinaba banquetes exquisitos en los que el platillo principal eran las sonrisas, la unidad, el amor, todos aderezados con cariñitos y buena charla.

Su nariz pequeña, podía sincronizarse con sus miradas escrutadoras, que podían identificar los más grandes sueños o aviesos deseos de propios y extraños.

La observación del otro y desvelarlo de cuerpo entero, era uno de sus más grandes superpoderes, el cual le enriquecía otro, el de la discreción sapiente.

Linda, linda, tan majestuosa como controladora, tan amorosa como una leona; tan generosa con los suyos como desconfiada con los extraños. “Échale ojo de chícharo”, decía cuando se debía que cuidar a quien llegaba de otros lados al hogar.

Refranera como era, sus dichos podrían conformar un Diccionario de Regionalismos de Nochistlán, Zacatecas. Su sabiduría, más por vieja que por diabla, se podría cuantificar por lo lapidario de su certeza: “Eres muy farsantito y mitoterito”, “A tu perro le darás palos”; “Si ancho no quiere, yo comeré”, “No espero hambres ajenas”; No estoy sellando”, “¿Que crees que tengo mi chapil?”; “En tu oreja si no hallas más”; “Esta bien tacasota”; “Está bisbirindilla”; “Quitame tus zancarrones”; “Locas facetas”; “Nomás está de huacalonas”…

Siempre me pareció increíble que en un ser de luz tan pequeño de talla, cupiera tanto de todo: contadora de historias, memoria viva de su época, confidente, amiga, madre, abuela, supervisora, niñera, trabajadora, repartidora de felicidad y trancos, como de que no, argonauta de la vida plena, que le permitió vivir 90 años.

Maestra rural, por sus manos pasaron niños y mujeres y hombres, propios y ajenos, a los que crió con la vehemencia y entrega de quien viene a este mundo para dar, dar y seguir dando sin chistar, por convicción, porque podía, porque quería, incansable, sin quejarse; por cierto, otro de sus superpoderes, la resiliencia.

Sus ojillos analíticos vieron morir a todos los de su generación e incluso a uno de sus hijos, pero siempre tuvo presente que debía estar allí para el resto, el otro, y recordó que era faro, ancla, estrella del norte, piedra angular, y siguió. Y vieron tierras, mares, cielos, cuevas, bosques, selvas, cenotes, ríos, cataratas, playas, se llenaron de imágenes eternas…

El día que partió de este viaje, hace casi un mes, compró boleto sencillo para emprender otro, estoy seguro, más largo, y feliz. Solo unos días y minutos le bastaron para empacar las pocas maletas que requería, recuerdos y vivencias de viajes, y lo más importante, la compañía de sus hijos y demás familiares que reunidos en el andén desde el que partiría, la despedimos cada uno con nuestros respectivos duelos, deudas y agradecimientos, de su vientre nació mi substancia vital, mi Vida mía.

Hoy María Carmen Valadez Sandoval cumple 91 años, sí, los cumple porque en nosotros, los que la conocimos, los que tuvimos la suerte de cruzar nuestros caminos con el suyo, pervive toda ella. Celebremos su vida pues, su paso por este tiempo, compañera de viaje, árbol nodriza del que creen tantos retoños y brotes como viajes hizo, viajera cósmica, Cósmica Señora… Hasta siempre Bubu, hasta siempre Suegra!

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