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Posts Tagged ‘luz’

Como mucho de mi vida sucedió en un milisegundo: Sentí una fuerza explotarme el centro de mi pecho. Era una luz que no nació allí, sino en la punta de mi dedo medio de la mano izquierda. Con fuerza torbellina estalló en miles de millones de fragmentos. Llenó mis fibras, mis ductos, mis venas, mis músculos, mis huesos y cuando ya no tuvo por dónde recorrer, se concentró en fuerza luminosa acuosa…

Cuando me sucedió, iba yo en el metro, en donde todos me miraron con indiferencia.

No me retorcí, ni grité, ni lloré, ni nada.

Eso, que era lo más fantástico que había generado mi cuerpo desde que nací, pasó de noche para todos a mi alrededor, pero no para mí.

¿Alguna vez has hecho el ejercicio de aislar todos los sonidos, separarlos para disfrutarlos uno a uno? ¿No? Es como cuando en un concierto de música clásica te concentras sólo en cierta sección de la orquesta ¿Seguro no lo has hecho? Inténtalo, verás de lo que eres capaz de lograr y sentir.

Yo lo resumo así: En la cueva del silencio —analogía de mi ser— un sonido inicia con la liviandad de un eco bebé, así, como lo lees, un eco bebé, que crece desde el tímido palpitar de un corazón nuevo, a la velocidad del tic tac. Crece, crece, crece hasta alcanzar los decibeles más estruendosos que ser humano es capaz de soportar. Y conforme crece, avanza inundándolo todo con su luz…

—Sí, lo he vivido.

—¿De verdad? Es increíble, ¿cierto?

• Sí, pero después de las primeras mil veces, se vuelve tedioso.

• ¿Uh…?

Acto seguido, caigo en cuenta en que platico conmigo mismo, me he desdoblado, pero hasta ese momento identifico el juego de espejos.

De mi ente-otro-aluzado surgen miles de millones de puntos lumínicos, y antes de transformarse/transformarme en solo luz, me reúno en un infinitesimal punto. Toda la luz del mundo en un punto tan pequeño que apenas puedo intuirlo en el universo.

El cuerpo de mi ser, ese que quiero imaginar es uno evolucionado se incrustó en mi ojo derecho…

Desde entonces lo traigo como un lunar en el ángulo superior derecho de mi ojo, y aunque no lo crean puedo sentir su luz y la mía-mía, y gracias a ello puedo conocer la muerte de los demás, con sólo mirar sus iris, puedo describir ese deceso, en tiempo y hora en que sucederá…

Menos la mía… Y eso, eso es, creo, una maldición…

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Me hallé a mí mismo, sentado sobre el lomo de un gusano gigante: ella peinaba sus serpientes mientras canturreaba una tonada insípida. De la bóveda caí lenta y pesadamente a su lado. Sabía que al tocar la superficie yo moriría irremediablemente. No sentí miedo, ni tristeza, ni nada. Es más mientras eso sucedía, tuve tiempo de escribir sobre una hoja de romero esto que a continuación leerás:

“Una luna de papel desprendida de un cielo de papel, cayó sobre una mar de papel a la velocidad de una bola hecha con papel cuando cae en un cesto de basura para papeles que uno quiere olvidar para siempre. Porque si no existiese el “para siempre”, uno podría perderse en “los nunca” o en “los jamases”, pero yo como muchos prefiero ser un ojo de papel -quizás una etiqueta- sobre la noche de papel entintado, e imaginarme que soy el mejor papel que nunca había sido, ese tan desconcertante porque nadie lo esperaba… Apenas un pedazo de papel flotando sobre un charco de sangre negra en el que miles de sueños perecieron pensando que pudieron ser un mejor papel, pero que de plano no llegaron a ser ni papel, ni argamasa ni chisguete de tinta, ni ni madres… Un planeta de papel, pendiendo de un tendedero para papeles cuadrados de esos que uno pinta con luz y unos pocos químicos y que cuentan historias inolvidables. Eso soy o eso me siento o eso me hago sentir o eso quiero sentir o eso quiero hacer que siento. Soy una hoja llena de historias propias perdida, de líneas sin orden ni sentido; hoja guardada entre las páginas de un libro que ya fue abierto y cerrado mil veces por nadie o el universo o el destino o un Dioshijodeputa que se limpia el culo conmigo y me arroja en un bote donde van/vamos a parar yo y el resto de los seres de papel en los que todos escriben lo que quieren hasta que yo/ustedes/ellos/nosotros deciden/decidimos que (d)escribirnos a nosotros mismos es mejor que otorgarle tal privilegio a los imbéciles, a quienes no saben de palabras, ni imágenes ni palabras ni almas ni amores ni sufrimientos ni desamores… Toda la vida será mejor escribir en la propia superficie de uno mismo, superficie de papel caída de un cielo hecho de papel, aunque la caligrafía nadie la entienda…

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