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Posts Tagged ‘libro’

Hoy encontré un libro que creí perdido para siempre. Estaba justo al fondo de mi librero. No es que tenga muchos libros, apenas unos cientos. Acumulo objetos y he hecho de esa obsesión mi mayor gusto. Lo compré en un tianguis, creo que fue en el Bordo de Xochiaca. Un viejo de aspecto merlinesco me lo regaló. Le compré un lote como de 10 libros. Fue mi pilón. Él me sonrió de manera extraña cuando me lo estiró. Me pareció raro pero aún así lo tomé. Nadie regala nada hoy en día. Es más pesado que cualquiera, me dijo, porque guarda historias que no se han contado aún y que un día ocuparás. Son tantas que podrías publicar mil libros. Respondí con una mueca y un billete de 200 pesos. Así llegó a mi casa ese objeto. Lo abrí pero no tenía nada escrito. Me sentí estúpido por la tomadura de pelo. Ahora que lo encontré recordé ese pasaje. Lo observé con la desconfianza que causa un bicho de seis patas. Brillaba de una forma extraña. La edición es casera. Dentro, justo en medio de las páginas amarillentas encontré esto que ahora reproduzco tal cual lo recuerdo al vuelo: “Amor es esa cosa que le crece a la gente todo el tiempo cuando sueña. Una cosa como pequeños pelillos que le brotan en el cuerpo, de donde cuelgan un día los ojos, otro la risa, otro los besos, otro los deseos del ser amado…” Me pareció una idea gastada, y lo cerré. Quise volverlo a leer, pero las palabras ya habían cambiado de lugar… el mensaje también. Sucedió algo extraño, las hojas donde habían estado aquellas líneas se renovaron. Lo volví a abrir y encontré esto: “Todos murieron cuando él terminó de leer la última estrofa de esa página. El cielo tronó, pero al volver a leer, había nacido un río de tinta de ese texto. Del riachuelo surgieron seres microscópicos que…” Y devolví el mamotreto a su lugar… suficientes imágenes tengo en la cabeza que no me dejan en ningún momento, como para lidiar con otras… así pasó…

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Hoy encontré un libro que creí perdido para siempre. Estaba justo al fondo de mi librero. No es que tenga muchos libros, apenas unos cientos. Acumulo objetos y he hecho de esa obsesión mi mayor gusto. Lo compré en un tianguis, creo que fue en el Bordo de Xochiaca. Un viejo de aspecto merlinesco me lo regaló. Le compré un lote como de 10 libros. Fue mi pilón. Él me sonrió de manera extraña cuando me lo estiró. Me pareció raro pero aún así lo tomé. Nadie regala nada hoy en día. Es más pesado que cualquiera, me dijo, porque guarda historias que no se han contado aún y que un día ocuparás. Son tantas que podrías publicar mil libros. Respondí con una mueca y un billete de 200 pesos. Así llegó a mi casa ese objeto. Lo abrí pero no tenía nada escrito. Me sentí estúpido por la tomadura de pelo. Ahora que lo encontré recordé ese pasaje. Lo observé con la desconfianza que causa un bicho de seis patas. Brillaba de una forma extraña. La edición es casera. Dentro, justo en medio de las páginas amarillentas encontré esto que ahora reproduzco tal cual lo recuerdo al vuelo: “Amor es esa cosa que le crece a la gente todo el tiempo cuando sueña. Una cosa como pequeños pelillos que le brotan en el cuerpo, de donde cuelgan un día los ojos, otro la risa, otro los besos, otro los deseos del ser amado…” Me pareció una idea gastada, y lo cerré. Quise volverlo a leer, pero las palabras ya habían cambiado de lugar… el mensaje también. Sucedió algo extraño, las hojas donde habían estado aquellas líneas se renovaron. Lo volví a abrir y encontré esto: “Todos murieron cuando él terminó de leer la última estrofa de esa página. El cielo tronó, pero al volver a leer, había nacido un río de tinta de ese texto. Del riachuelo surgieron seres microscópicos que…” Y devolví el mamotreto a su lugar… suficientes imágenes tengo en la cabeza que no me dejan en ningún momento, como para lidiar con otras… así pasó…

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