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Posts Tagged ‘historias’

Ilustración inspirada por este texto, y obsequiada, generosamente, a un servidor, por el artista plástico, ilustrador, grabador y dibujante mexicano Héctor Garza, Eko.

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Dentro de un envoltorio pulposo —lo sé porque desde dentro se siente como una vaina suave, cálida, semitransparente— palpito con un ritmo primario, intuyo las sombras. Siento en mi ser, de forma cilíndrica, algo que recorre mi dermis.

Sin extremidades, sin rostro, si acaso unas alas que siento poderosas, estridulan, emitiendo un sonido que atraviesa el denso exterior. Un ser alado, se acerca graznando, atraído por el aroma y el ruido que evito al hincharme, abre mi crisálida con delicadeza, me extrae tomándome de una de mis puntas.

En un movimiento preciso me eleva y, suspendido en el aire, me hace un agujero por donde escurro en su interior. Su pico, tráquea, esófago, estómago me reciben…

Mis alas se separan, las soslaya, no las apetece.

Vuela alejándose conmigo dentro de si. He cobrado conciencia de haber iniciado mi proceso de adaptación en esta nueva etapa evolutiva.

Mis partículas mínimas ingresan a su sangre, llegan a su cerebro y allí tomo el control de su cuerpo escamado. Mis alas han quedado en el suelo estridulando no sin sentido, pues como muchos otros seres que, arrancados de sus cuerpos, y, aunque sea fragmentados, reivindican la vida.

Eso pienso en mi nuevo cerebro que se llena de imágenes y maravillas inéditas, relampagueantes, mientras vuelo hacia otros cielos, acompañado de otros que, igual que yo, hemos iniciado la invasión en este mundo, mientras la vida crece, irrefrenable, allá abajo ante nuestro paso, indiferente…

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Como mucho de mi vida sucedió en un milisegundo: Sentí una fuerza explotarme el centro de mi pecho. Era una luz que no nació allí, sino en la punta de mi dedo medio de la mano izquierda. Con fuerza torbellina estalló en miles de millones de fragmentos. Llenó mis fibras, mis ductos, mis venas, mis músculos, mis huesos y cuando ya no tuvo por dónde recorrer, se concentró en fuerza luminosa acuosa…

Cuando me sucedió, iba yo en el metro, en donde todos me miraron con indiferencia.

No me retorcí, ni grité, ni lloré, ni nada.

Eso, que era lo más fantástico que había generado mi cuerpo desde que nací, pasó de noche para todos a mi alrededor, pero no para mí.

¿Alguna vez has hecho el ejercicio de aislar todos los sonidos, separarlos para disfrutarlos uno a uno? ¿No? Es como cuando en un concierto de música clásica te concentras sólo en cierta sección de la orquesta ¿Seguro no lo has hecho? Inténtalo, verás de lo que eres capaz de lograr y sentir.

Yo lo resumo así: En la cueva del silencio —analogía de mi ser— un sonido inicia con la liviandad de un eco bebé, así, como lo lees, un eco bebé, que crece desde el tímido palpitar de un corazón nuevo, a la velocidad del tic tac. Crece, crece, crece hasta alcanzar los decibeles más estruendosos que ser humano es capaz de soportar. Y conforme crece, avanza inundándolo todo con su luz…

—Sí, lo he vivido.

—¿De verdad? Es increíble, ¿cierto?

• Sí, pero después de las primeras mil veces, se vuelve tedioso.

• ¿Uh…?

Acto seguido, caigo en cuenta en que platico conmigo mismo, me he desdoblado, pero hasta ese momento identifico el juego de espejos.

De mi ente-otro-aluzado surgen miles de millones de puntos lumínicos, y antes de transformarse/transformarme en solo luz, me reúno en un infinitesimal punto. Toda la luz del mundo en un punto tan pequeño que apenas puedo intuirlo en el universo.

El cuerpo de mi ser, ese que quiero imaginar es uno evolucionado se incrustó en mi ojo derecho…

Desde entonces lo traigo como un lunar en el ángulo superior derecho de mi ojo, y aunque no lo crean puedo sentir su luz y la mía-mía, y gracias a ello puedo conocer la muerte de los demás, con sólo mirar sus iris, puedo describir ese deceso, en tiempo y hora en que sucederá…

Menos la mía… Y eso, eso es, creo, una maldición…

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Libo el agua cristalina. Trago sin saborear, para qué si es indolora y insonora, me digo. Miro una planta cuyos brazos rematan en seis hojas. ¿Será que todas son de seis? Cuento, reviso. Tengo mucho quehacer, pero me doy un tiempo. Me traslado a un mundo imaginario de plantas con brazos de seis hojas. Hallo en en mi imaginación y en el mundo real— una de siete hojas… ¡Es el equivalente a un trébol pero más cabrón! Un mosco me distrae. Regreso del ensimismamiento sólo para hacerlo puré de mosco. regreso a la planta. Reviso una hora y ya imagino que me convierto en un descubridor famoso… mi cara en una portada de revista en revistas especializadas, conferencias, acompañado por la maceta, a la que ya le saqué pasaporte; ambos sonreímos a las cámaras… talk shows, centros nocturnos, mujeres, fama, dinero.

…Suena mi teléfono.

Número equivocado.

Amo maldecir, me libera.

Mastico el agua que ya adquirió una textura al mezclarse con mi saliva.

Acaricio el remate del brazo de la planta… y lo arranco de un tirón.

No, me digo, regresa a tu trabajo… está bien, me reitero, mientras regreso, arrastrándome a mi sitio.

Uno mis dedos al teclado biomecánico y me acoplo a la máquina…

No sé de dónde me salen estos pensamientos, ni siquiera sabía que los tenía, que era capaz de producirlos…

¿Y el brazo de la planta? Nah, qué importa, a mi la naturaleza me causa asco.

…y lo arrojo en el centro de combustión de mi centro de trabajo…

así pasó…

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…Así te digo querido trrhoxijo: Había una galaxia en lo más profundo de un grano de trupsjga. Allí en el centro —el cual estaba rodeado de miles de protones y neutrones y neutrinos y diminutos universos que ya nadie puede más que intuir— habitaba en un punto apenas perceptible para la tecnología más avanzada, un Ser fémino al que solo le bastó una gota del sudor de otro ser escamoso para renacer y florecer como hacen los seres que sobreviven de fotosíntesis cuyo nombre no recuerdo, como sí recuerdo que habitaron un planeta ya muerto ahora en un sistema solar en la vía láctea, con solo un sol.

Ese ser pulsaba su vida en repeticiones lumínicas que provocaban un sonido rítmico. Era bello verle hacer eso. Al tocarlo el líquido segregado por el Mutante aquel, La-Eso abrió sus crétalos como hacen las ratsikaz cuando van a devorar planetas cercanos. Su luz cambió y no conforme con ese fragmento acuoso del Mutante, lo succionó a él, poseyéndolo en su totalidad, queriéndolo engullir. Mas sucedió el milagro y éste se osmotixó de tal suerte que se convirtieron en un mismo wrantio.

Allí se dio forma a una nueva especie, la de los que viajan por el universo en forma de luz rítmica, de aquí para allá, entrando en los cerebros de los trrhoxijos que no se quieren inanimar para recuperar energía. Vaya si lo recuerdo bien mi amado trrhoxijo. No, no es una fantasía de esas que me contaban cuando era pequeño para hacer lo que ahora te pido que hagas tú. Dormir le llamaban aquellos seres del tercer planeta en ese sistema de un solo sol. Inmundos seres olvidados, desechados por sus creadores para exterminarse y exterminarlo todo a su paso… pero ya te contaré luego esa leyenda.

¿Que qué fue del ser? Nadie lo sabe trrhoxijo mío, nadie, ni siquiera nosotros Los Primeros. Deben andar por allí vagando en tu cerebro o el mío y en el de otros seres en este y otros cosmos, hasta el final de los tiempos. O quizás ya estén reiniciando su ciclo vital.

¿Sabes una cosa? yo creo que ese fue su destino pues no ha habido otros como ellos, ni habrá. No tuvieron trrhoxijos como tú, o como yo. Se alimentaban de ellos mismos, de sus haces, de su propia energía, insaciables, unidos para siempre en el mismo. Solo ellos y esa cosa que en las escrituras antiguas llaman TahmoRr…

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Me hallé a mí mismo, sentado sobre el lomo de un gusano gigante: ella peinaba sus serpientes mientras canturreaba una tonada insípida. De la bóveda caí lenta y pesadamente a su lado. Sabía que al tocar la superficie yo moriría irremediablemente. No sentí miedo, ni tristeza, ni nada. Es más mientras eso sucedía, tuve tiempo de escribir sobre una hoja de romero esto que a continuación leerás:

“Una luna de papel desprendida de un cielo de papel, cayó sobre una mar de papel a la velocidad de una bola hecha con papel cuando cae en un cesto de basura para papeles que uno quiere olvidar para siempre. Porque si no existiese el “para siempre”, uno podría perderse en “los nunca” o en “los jamases”, pero yo como muchos prefiero ser un ojo de papel -quizás una etiqueta- sobre la noche de papel entintado, e imaginarme que soy el mejor papel que nunca había sido, ese tan desconcertante porque nadie lo esperaba… Apenas un pedazo de papel flotando sobre un charco de sangre negra en el que miles de sueños perecieron pensando que pudieron ser un mejor papel, pero que de plano no llegaron a ser ni papel, ni argamasa ni chisguete de tinta, ni ni madres… Un planeta de papel, pendiendo de un tendedero para papeles cuadrados de esos que uno pinta con luz y unos pocos químicos y que cuentan historias inolvidables. Eso soy o eso me siento o eso me hago sentir o eso quiero sentir o eso quiero hacer que siento. Soy una hoja llena de historias propias perdida, de líneas sin orden ni sentido; hoja guardada entre las páginas de un libro que ya fue abierto y cerrado mil veces por nadie o el universo o el destino o un Dioshijodeputa que se limpia el culo conmigo y me arroja en un bote donde van/vamos a parar yo y el resto de los seres de papel en los que todos escriben lo que quieren hasta que yo/ustedes/ellos/nosotros deciden/decidimos que (d)escribirnos a nosotros mismos es mejor que otorgarle tal privilegio a los imbéciles, a quienes no saben de palabras, ni imágenes ni palabras ni almas ni amores ni sufrimientos ni desamores… Toda la vida será mejor escribir en la propia superficie de uno mismo, superficie de papel caída de un cielo hecho de papel, aunque la caligrafía nadie la entienda…

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