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Posts Tagged ‘festivales civico militares’

Anoche me lo contó un anciano que viajaba en las entrañas malolientes de esta ciudad puta. Con sus dedos enlamados de tristeza engarzaba algo parecido a un sueño y le daba forma de animal fantástico. Cambié de caracola, dijo mientras miraba la nada. Como siempre que eso sucede, continuó, en el tránsito de un lugar a otro perdí la consciencia, anhelos y esperanzas. No, no pensé que eso fuera dramático. Así es la vida. Sólo pude rescatar este pasquín —y me lo puso sobre las piernas—. Léelo, te lo regalo. Era un fajillo de quizás unas 10 páginas. Estaba incompleto, quemado por sus bordes.

Acto seguido, se bajó sin darme tiempo a darle las gracias o devolverlo (mi madre me inculcó que uno no debe recibir textos ajenos de ningún extraño, y menos si éstos desaparecen entre una estación y otra del subte).

Esto venía inscrito en la solapa: “Caminaba por las veredas de mi mente. La memoria es un pasadizo hacia nuevos mundos, puertas dimensionales que como juego de espejos te confunden. Camino una vida, dos vidas, tres vidas, cuatro vidas, hasta que me canso de caminar y me siento sobre el lomo de una luna en cuarto menguante. Allí aguardo silencioso. Como un mendrugo de mi cerebro. Te acercas del otro lado del pasaje. Al fin nos hemos encontrado.

Me levanto y tomo la postura de aquel chico que fui. Y recito sin pudor como hacía cuando participaba a los ocho años en los festivales cívico-militares de mi escuelita de gobierno netzahualcoyotlense. Ese niño desnutrido que engolaba la voz y alzaba el mentón para hablarle a esa divinidad que me dijeron era un patético pedazo de tela de tres colores que se ha deslavado en mis recuerdos: Tú en mi recuerdo, tú en mi mente, tachonada con besos, como la piel de un ángel al que le arranqué las alas; muerto por mis balas en una tarde te cielo rojizo. Tú le das reflejos a esta caverna de mí, destellos que me enceguecen y hacen andar a tientas, que me iluminan el interior.

El alma mía que sin la tuya dentro mío no sería la misma, sería apenas una burda imitación de algo que un día, en un lugar lejano, en otro planeta se pudo llamar humano…

Me vi de pie, apretando las hojas, hablando solo, como me pasa cuando viajo en metro. Regresé a mi asiento y me bajé en la terminal… así pasó…

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