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Posts Tagged ‘cosmos’

Jalo aire como me es posible.

Cierro los ojos.

Frente a mí un ojo del universo se abre, horizontal.

Inicia como un punto insignificante, pero en un instante se abre como un túnel tan abismal como mi consciencia.

Hacia su interior fluye luz cósmica, desparramándose en cascada.

Los colores que la mirada humana, de ésta mi envoltura, puede registrar, se mezclan con la textura del óleo y llenan la oquedad, dejándome en el alma, un sabor de inabarcabilidad que me estremece.

Inundada en segundos, la imagen del ojo del universo llena mis pupilas e ilumina mi rostro.

Sonriente, observo el nacimiento de un estrella que surge de los borbotones que de allí manan.

Hemos compartido por millonésima ocasión un orgasmo.

De esa luz hirviente surges de nuevo, de ondulantes líneas irregulares, y las miles de ti, tú, me besan con besitos felinos…

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Atado a la derecha de un ser interestelar, al costado de eso que conocemos como cuerpo, si es que se le puede llamar así, allí me colgó, amoroso, de mi larga cabellera, y me veía retelindo con mis ojazos café, destellando lucecillas en mis últimos segundos de vida, como la concebimos acá. Lo recuerdo tan claro como en un atardecer en Trimptelion, planeta triple, que gira, incansable pero lento, en un sistema solar de dos soles, interpuestos eternamente, uno naranja y otro amarillo.

Allí te he puesto porque necesito mirar ese lado del universo, me dijo, y sonrió, con esa característica risotada que los humanos llamamos burlona.

Cada tanto me untaba su fluido de luz negra, haciéndome sentir una emoción parecida a la llana felicidad, para hacer que mis destellos oculares alumbren mejor el camino que siguen las almas —aquí se llaman igual que allá— de los seres que mueren y transitan hacia su hocico, que nunca se cierra, ni siquiera cuando los mastica…

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Hay fisuras en el silencio. Es un silencio farragoso. Oscuro.

A través de él nada pasa, por eso cuando sucede el primer estertor una fina luz, poderosa, desparrama los bordes de este sitio.

El estruendo del cuerpo sin control precede a la explosión que da origen al universo. Un universo dentro de otro universo.

Los líquidos se unen, creando ríos de estrellas y estrépitos que alcanzan los extremos de esta galaxia.

Los roces de nuestra piel crean ondas sónicas que podrían considerarse una música inexistente hasta ahora.

Un bramido, jadeos, suspiros.

Tu coño untado de mi semen.

Mi vientre lleno de tu interior.

Yo tomando posesión de tu cuerpo, de tu culo, como un animal antiguo regresando a su lugar de origen.

Beso tu espalda, me hundo en tu nuca.

Una certeza: del orgasmo anal nacen los universos.

Esos sitios donde los ojos humanos no sirven y hace falta el tacto para moverte, la imaginación para sobrevivir; ojos con pupilas que se contraen, crecen, nublan…

Desde ese momento flota a nuestro alrededor una especie de aura o cosmos personal infinito, a la medida que nos acompaña a desayunar a comer, a coger a morir y a crear una y otra y otra y otra vez constelaciones hasta el fin del tiempo.

Con planetas, anos, asteroides, vergas, soles, muslos de pan, nebulosas, dedos, agujeros negros insondables, corazones agusanados…

Y en todos, absolutamente todos, una parte nuestra habita…

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Nos mirábamos con atención, ELLA mi Ying, YO su Yang de su/mi/nuestras vidas. Mundos espejos confrontados. Sin poder tocarnos, pero sí vernos. El mutismo nuestro castigo, nuestro lenguaje de señas nuestra única vía de comunicación. Ella su vida yo la mía. Yo apenas un esbozo de toda su humanidad. Una extraña puerta dimensional traslúcida —de esas que cuentan quienes vinieron de las estrellas a habitar este planeta existieron al inicio de todo— lineal, corredor acristalado a veces paralelo, a veces superpuesto, a veces fragmentado. Todos los días/hurgs de nuestras existencias mirándonos frente a esa plancha plateada. YO tocando mi sexo, provocando que ella hiciera lo mismo (¿o era al revés?), mi pecho. ELLA sembrándose juguetona entre sus senos una semilla de baobab  (¿o era YO mismo devolviéndole la cortesía?). YO/ELLA regando religiosamente con saliva todos los días/hurgs. Cuidándolo de plagas, del viento de otoño; alimentándolo de sus entrañas; con amor, en tanto crecía y se hacía fuerte y daba frutos con la esperanza de comerlos juntos bajo los tres soles de su mundo. YO la recuerdo a ELLA cortando los brotes de cizaña, arrancando las ramas secas, haciendo espacio para las crisálidas y los nidos de las aves. Nuestras vidas tocándose de poco a poco….

 

         hasta que un día sucedió lo impensable en una historia tan ordinaria:

 

 Recuerdo que mientras maduraba el baobab, nuestros sexos palpitaban y se abrían al cosmos estrellado. el suyo y el mío eran dos animales con forma de pulpos, atrapados a la mitad de nuestros cuerpos, el de ELLA humano, el mío un humanoide escamado. Trepados y restregándonos en el espejo con todas nuestras patas; haciéndonos el amor frente a frente con la fuerza de nuestras razas; separados apenas por una delgada capa de vidrio y metal; haciéndonos de humo, primero, y luego de líquido cuya temperatura traspasó a fuerza de arremetidas furiosas esa frontera. Creando una nueva raza (YINGYAN o YOELLA quizás le llamen quienes la estudien) de Dioses sexuales con dos espaldas y un sexo pulposo gigantesco en un planeta que aún no es creado en ninguna parte, ni siquiera en el territorio de estas líneas… así pasó…

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