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Posts Tagged ‘beso’

Ella se cuelga del metal con la parsimonia del caracol. Se unta al mástil y al ver sus redondeces uno evoca el suyo propio pero de carne palpitante, y no hace otra cosa que temblar. La música que revienta decibeles le acompaña en un supuesto baile con pretensiones de sensualidad. Una voz aterciopelada acaricia mi lengua, la hace salivar, eriza mis pelos. Ella se mueve como la Diosa de mis sueños húmedos, pero ésta es real, con humores y líquidos que alcanzo a degustar con sólo verle arrastrarse sobre la tarima iluminada. Ella latiguea sus pupilas con lasciva urgencia y sus puntas nos tocan el vientre. Moja sus labios con la lengua y toca sus labios con los dedos. Arremete contra todos y toma uno a uno, el par de ojos que la siguen y parece que hace un manojo de nuestras miradas y lo ata a sus tobillos que ya van de nuevo para arriba, volteados, en contra de la gravedad. Extiendo mi mejor sonrisa y le llamo con un guiño. Llega tras despeinar varias cabezas. Se sienta en mí y me abraza. Me besa y siento la mirada de todos a mi alrededor. Me llama Papito. Yo, siento electricidad hasta en las piernas. Salivo, babeo, me enciendo, me mojo en los pantalones. Amo venir a los areneros para adultos”. Mi hermano al darse cuenta de mi accidente me saca cargando de allí… Me deposita en mi silla de ruedas, me besa y me despeina, y me pregunta mientras da un enésimo trago a su cerveza: ¿te gustó carnal?… Esta noche me cuida Marcela. Pobre, tendrá que cambiarme los pantalones de nuevo… así pasó…

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Un día despertarás en un sueño con un aire nuevo creando remolinos entre las tranquilas aguas de tu ser. Ahí, en la orilla de ese lago de tonos metálicos, tachonados de estrellas, me verás mojarme los pies. Te acercarás a mí y me tocarás el pelo. Nos saludaremos sin siquiera mover los labios, apenas un leve movimiento de sonrisas. Las serpientes que penden de tu cabeza susurrarán mi nombre. Yo, feliz tomaré los hilos de tu aliento y con ellos forjaré coronas espinosas…

Un día lluvioso como hoy recordaras mientras surcas los mares de nubes cómo un primero de agosto acudiste al llamado de mi corazón, que ya te esperaba desde otras centurias. Cerrarás los ojos mientras sientes cómo el viento de mi palabra destrenza tu pelo de seres escamosos y piel tersa.

Un día despertarás de ese letargo que vivimos juntos y allí me verás mojándome –como el niño/joven/hombre/anciano/cigoto en que tu amor me ha convertido– en las tranquilas corrientes que brotan de tus cuencas vacías y que me inundan regenerando las tierras fértiles de mi interior.

Un día veremos el sol nacer y morir mil veces para deleite de nuestras almas ñoñas. Ese día correremos tomados de las manos por un planeta desierto que poblamos con pequeños besos que se nos escapan de entre los labios y les salen alas y patas y reptan y saltan juguetones a nuestro alrededor.

Entonces ese día en que sueñas todo esto despertarás y me dirás con esa voz que me encanta escuchar en las mañanas: Tú y yo sabíamos desde un inicio que uniríamos correctamente esas letras que hoy nos han traído a esta parte del universo, de la A a la R.

Tocarás mi escaso pelo, ambos sonreiremos y en silencio nos besaremos largamente y en un segundo nos absorberemos uno al otro, como gotas que el desierto traga sin demora. Sólo entonces sabrás, sabremos, que eso hemos sido, fuimos y seremos, apenas dos bulbos acuosos en el infinito mar de tu ser… así pasó.

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