Feeds:
Posts
Comments

Posts Tagged ‘apocalipsis’

Camino por la calle central de Ciudad Puta. El cielo es rojo y cambia a la escala de los morados. El frío me acuchilla sin piedad. Aprieto mis brazos, tratando de conservar un poco de mi calor.

No me gusta andar por la vida chillando, como puerco, pero cuando andamos desconectados, aunque sea brevemente, me pega más el clima.

Tengo unos cuantos céntimos y con ellos me encamino a una Máquina de Ensoñación, de esas que son baratas y están de moda para seres como yo que buscan paliar un poco ese mal, llamado melancolía.

Me siento, acomodo mi cuerpo, tomo las monedas, antiguas debo decir, y con la esperanza que las acepte en su alcancía. El armatoste está húmedo, pero soporto el asco. El último que la usó es un tipo con el que me crucé en la esquina, iba brilloso de cebo, sudor y lágrimas. Lloraba y lloraba, jadeaba, limpiaba sus mocos y sorbía entrecortando la respiración.

No me importa, solo quiero “sentirte”, como sea, por el tiempo que sea, a la distancia; con la fuerza del oleaje de tu presencia, impresa en mi cerebro.

Guardo silencio. Nada pasa. No entiendo por qué, si ya hizo el cobro esta cafetera. El miedo de la frustración me da ánimos para golpear la “Ensoñadora”, sin que me duela el puño. Mi asiento vibra y me recuesto de nuevo.

Un gato maúlla rozándose en mis tobillos. Lo pateo y en ese momento la máquina inicia el ciclo. Sonidos de cortos, chirridos. Una prensa aprieta is sienes y lanza un haz eléctrico… me sumo en un hoyo tan profundo como el corazón de un asesino.

La experiencia soñarrera dura, me parece, apenas un par de minutos. Te vi, te estrujé, te abracé, te apretujé las carnes;me introduje en ti, con tal vehemencia, que me convertí en líquido viscoso, caliente.

Babeo. Con sonrisa idiota me levanto, ya hay fila. Unos cuentan sus monedas, otros limpian sus tatuajes o sus tarjetas. Esto es un privilegio que cualquiera puede vivir, por una módica cantidad.

Unos teclean sueños, recuerdos, anhelos, aspiraciones… todos los seres de esta urbe, como en el planeta, nos parecemos: Compartimos la forma más dura y cáustica del dolor: la de la ausencia.

Read Full Post »

Dentro de un envoltorio pulposo —lo sé porque desde dentro se siente como una vaina suave, cálida, semitransparente— palpito con un ritmo primario, intuyo las sombras. Siento en mi ser, de forma cilíndrica, algo que recorre mi dermis.

Sin extremidades, sin rostro, si acaso unas alas que siento poderosas, estridulan, emitiendo un sonido que atraviesa el denso exterior. Un ser alado, se acerca graznando, atraído por el aroma y el ruido que evito al hincharme, abre mi crisálida con delicadeza, me extrae tomándome de una de mis puntas.

En un movimiento preciso me eleva y, suspendido en el aire, me hace un agujero por donde escurro en su interior. Su pico, tráquea, esófago, estómago me reciben…

Mis alas se separan, las soslaya, no las apetece.

Vuela alejándose conmigo dentro de si. He cobrado conciencia de haber iniciado mi proceso de adaptación en esta nueva etapa evolutiva.

Mis partículas mínimas ingresan a su sangre, llegan a su cerebro y allí tomo el control de su cuerpo escamado. Mis alas han quedado en el suelo estridulando no sin sentido, pues como muchos otros seres que, arrancados de sus cuerpos, y, aunque sea fragmentados, reivindican la vida.

Eso pienso en mi nuevo cerebro que se llena de imágenes y maravillas inéditas, relampagueantes, mientras vuelo hacia otros cielos, acompañado de otros que, igual que yo, hemos iniciado la invasión en este mundo, mientras la vida crece, irrefrenable, allá abajo ante nuestro paso, indiferente…

Read Full Post »