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Posts Tagged ‘animales fantásticos’

Escuchaba una canción que dice: “Yo tengo tantos hermanos, que no los puedo contar”. Feliz, tecleaba, como siempre, y la imagen de mi querido Javito apareció ante mí:

Encarnado en Bombus —himenóptero, creo— con sus ojos de panda y su patas de gallo a punto de volar, su sonrisa de villano bueno, de cuento feliz, su pelo corto, su humor ácido, agridulce, y su mirada de niño curioso, de ojos cavernosos, y alma venturosa, vestido de abejorro.

He de confesar que me dio un poco de risa porque pese a ser menor que yo, nocierto/sicierto, parece un chamaco imberbe y eso le da un aspecto aniñado.

Sueter a rayas café y amarillo, calcetines y, sospecho, calzones a tono, porque han de saber que ese muchacho no sale nunca des-combinado, ¡imposible! Su linaje abejorro se lo impide.

Bueno, decía que se me presentó en una imagen fugaz, pero lo suficientemente pausada, para recordarla por siempre, y me miraba con su gesto de oso recién salido de la hibernación; grande, extendiendo sus brazos peludos para abrazar al mundo, y recorrerlo con sus patas peludas, llamándome como siempre: ¡Miguelito!… a mí, un perro negro, y callejero, como dice otra canción, su antítesis en muchos sentidos, pero similares por eso mismo, pues nuestros extremos se juntan en un punto de inflexión.

Vale pues mi querido Javito, Abejorro ojos de panda, ve agradecido con tu Dios y amparado por él, del que, no tengo duda, eres su consentido, ve y cómete el mundo a dentelladas; o mejor, ve y riégalo con las escamas de tus alas iridiscentes…

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Arribo a un planeta desierto. Atravieso sus mares de líquido viscoso. Soy el último gigante de mi especie. Luego de cientos de generaciones he llegado a este lugar para terminar una misión. Alcanzo el único sitio en donde hay tierra firme. Es una isla de una belleza inenarrable. Oro y lloro en nombre de todos mis predecesores. Mi raza podrá extinguirse tranquila de saber que cumplí mi cometido.

En el centro, de un ojo de agua cristalina, fluye un río hacia el cosmos. Del corazón de ese cuerpo líquido nace una flor que tomo entre mis manos, y allí justo en medio de una de las miles de semillas que conforman su corola estás tú.

Una criatura de exoesqueleto luminoso, frágil, como la espina dorsal de un esterión, rara avis de un mundo extinto y cuya referencia solo yo conservo. Te he encontrado al fin. Suspiro temeroso de romperte antes de extraerte.

Entre mis dedos tu maravilla refulge con la fuerza de un millón de estrellas. De alas poderosas, larga cola espinosa, rasgos dragonescos, cuerpo transparente y escamas iridiscentes.

Despiertas. Solo una mirada de tus mil ojillos que cubren tu torso basta para comprobar que esa leyenda que me transmitieron genéticamente mis antepasados es cierta: “Quien mire a los mil ojos de una gorgonium sideral quedará para siempre infectado de una enfermedad que muta y alarga la vida”.

Se abre y expande ante mi el ojo de agua de tonos dorados.

Después de haberme fragmentado en millones de partículas tu primer aleteo las empuja al torrente. Sin embargo antes de que sea devorado por su poderoso flujo, sucede el milagro, al integrarme a tu superficie.

Desde ese momento y hasta el fin de los tiempos ambos recorremos al universo ignoto convertidos en uno mismo… así pasó…

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