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Posts Tagged ‘1968’

El caos ha dado paso a la lentitud voraz del terror. Golpes violentos se abren paso en la negrura quebrando el silencio. Hace frío. La sangre se coagula en el suelo, mancha las paredes. Provoca resbalones. Uno de los ojos de Juan apenas funciona. Tirita. Traga saliva, sangre y gemidos. La incredulidad de lo que le ha tocado atestiguar, lo paraliza. Rabia. Una manaza lo empuja contra la pared hasta estrellarle los dientes. La Voz le ordena hincarse. Escucha los movimientos de cuerpos que caen. Percibe la velocidad de los brazos y de las patadas. Chillidos, súplicas, reclamos. Risas. Alguien pregunta que dónde se encuentran. Un zumbido lo aturde. Quiere limpiarse con el dorso de una mano que se niega a responderle. Duele. La Voz lo patea en el oído. No recuerda si fue hace rato o es ahora. Si fue ayer o es mañana. Una mueca.

• ¿De qué te ríes cabrón?, ¿Quieres reírte de verdad?

— …

Ha empezado a llover. Desde lejos su ritmo se confunde con el de los golpes en su humanidad; a la sinfonieta se suma el de fardos que a su lado se apilan, o eso cree ver a través de la última rendija que le permiten sus párpados. ¿Por qué?… Silencio. Lo levantan y ya le dan a probar una pistola. Huele a rojo, a negro a miedo. Instintivamente lame. Una risotada. La Voz lo voltea y lo encima a los muertos, ahora tiene esa certeza. No entiende nada. No sabe nada. Entre sus piernas el tubo de metal le abre las nalgas. Juan se escapa. No está más en eso que una vez fue su cuerpo. Él, hijo de Pedro el campesino, herrero, empleado, indígena, comerciante, mesero. Asco. Tomado del cuello lo voltean. Limpian el cañón con su piel. Huele a mierda. Carcajadas.

—¿Querían su revolución comunista? Ésta es su puta Revolucioncita pendejos!

— …

• ¿Cómo te llamas chamaco?

• Juan…

• ¿Juan qué? Has de ser Juan pero Juan con Miedo, Juan Madreado, Juan Puteado, Juan Arrepentido, así te llamas.

Y Juan quiere llamarse de otro modo: Juan estudiante, Juan Ya no Quiero Nada, Juan Hijo de Familia, Juan a Salvo, Juan Hijo de María…

Así como está, Juan se da cuenta de que nadie ni nada puede salvarlo ya. Ni las advertencias, ni lo rezos de su madre, ni la carrera que tuvo que dar buscando guarecerse de la balacera. Sofocamiento. La garra aprieta y suelta, suelta y aprieta. El arma, su sabor, el aroma, un torbellino de imágenes, cansancio, sueño.

La Voz le grita acercando su bocaza a la suya.

—Hueles a muerto hijo de la chingada—, es lo único que logra articular, Juan, hasta hace unos meses llamado Juan Chiquillo, Juanelo, para los cuates de la palomilla.

— …

La Voz ruge, se hincha y enronquece. El puño se cierra en la tráquea del muchacho. Juan escucha un click eterno. La pistola en su garganta. Dolor. Quiere vomitar pero no puede hacerlo… Al fin llora. La idea de descansar lo lleva a otro sitio, uno menos espeso, más acuoso, más amniótico. Ya no registra lo que sigue. Nunca, ni en sus más terribles pesadillas imaginó que lo último que probaría en su vida sería pólvora horneada…

2 de octubre de 2018- 50 años después… Ni perdón, ni olvido…

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