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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Sonríes y hasta el centro de mi caja torácica resuena el riachuelo que emanas.

Imagino tus ojos sonrientes, alados, separándose de tu cara, revoloteando juguetones con trinos eternos, volando por el mundo, hasta que vienen a bañarse en el agua cantarina que me atraviesa por la mitad…

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Soñé. De esos momentos guardo la suavidad de sus labios, trémulos de mí, musitando mi nombre humano.

Fauces dentadas expeliendo vaho embriagante, envolviéndome en un sopor parecido a la muerte.

Recuerdo sus ojos pulidos por la luz lunar. Yo velando su sueño, esperando desde milenios su despertar, suspirando con los movimientos de su coraza al acomodarse, haciendo a un lado, de vez en vez, las serpientes que le cubrían el rostro, para no perder detalle de sus rasgos vibrantes.

En la obscuridad mi único ojo bailaba al ritmo de las flamas de la hoguera, expectante.

Feliz de verle viva, frente a mí.

Me habían dicho que hay seres de luz que tienen un mejor sabor estando vivos que muertos, por ello, sólo esperé a que abriera los ojos, sonriera, pronunciara mi nombre y antes de abrirla en canal, me sumergí para siempre en la promesa de su sabor… así pasó…

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Amo tu sonrisa amaneciendo, tu rostro de aspecto draculesco; tu rictus por las mañanas de odio al universo; tu mirada cuando pasa de asesino serial a Gaby, aquí, ahora, mi Gaby, cada que te digo entusiasta buenos días, con gesto de amor sublime y universal; amo tu pelo de Gorgona en el que podría perderme , toda la vida como minotauro en laberinto. Amo cómo me observas en tus cumpleaños, y a veces de vez en diario; amo tu historia conmigo, en otra parte, y conmigo de nuevo. Amo celebrar contigo la vida, porque estás viva, viva, viva, pues dos veces al menos, pudiste estar muerta. Amo verte morir entre mis piernas, intercambiar nuestra energía, amansarnos por vocación, sentar nuestros diablos y ponerlos a bailar con sus armas afiladas y a platicar a carcajadas; amalgamarme contigo, crear otra cosa que no existía, ni existirá, una tercera cosa que resulta de ti y de mí. Amo que lustres mis escamas y afiles mis garras, que libes mi cuerpo con ganas de abeja melipona, y me comas a mordiditas, completo, por fuera y por dentro, como las mantis. Amo que cumplas años, siempre amaré más estar contigo estos y el resto de los años que los primeros que pudieron ser naufragio. Vida mía, solo tengo que reiterarte algo que ya sabes: Sí en esta vida, sí en este plano, sí, en este planeta. Sí, siete veces siete.

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Nos encontramos en este plano, aunque creo que ya nos habíamos cruzado en otros. I. es reservada y taciturna, de mirada de lince, nada se le escapa, ni los sueños de uno, ni los diablos de otros metidos en escondrijos intrincados.

Por ella no pasa el tiempo, es inmune.

El suyo es el cabello de las gorgonas y es sabia por vieja y por sabia. Ha vivido varias vidas, y las recuerda todas con una alegría melancólica, agridulce, pero siempre desde el aquí y ahora.

Cuando baila, las almas de todas las odaliscas la poseen, y mientras lo hacer, sonríe. La sonoridad de su sonrisa tiene la fuerza del agua, puede abrir montañas de una sola vez.

La he escuchado hacer de su voz un estruendo que atraviesa las mentes obtusas y escucha las tormentas del otro… a veces yo he sido ése, y por eso le agradezco.

Me ha regalado perlas negras de sabiduría que, lo he visto, le comparten sus espíritus amigos, cósmicos, esos que esconde detrás de sus ojos.

Le llaman distraída, pero yo sé que por lapsos puede conectarse con el universo, y son esos momentos en los que recibe esas perlas que regala a los suyos, aunque no todos las recibamos.

Hace unos días platiqué con ella, y entre lapso y lapso me obsequió esta joya: “El amor puede ser sublime y universal”.

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Soy un bosque. Desde el espacio mi imagen domina la vista en este plantea de tonos ocres.

Zoom in y llegó a mi copa.

Luego, dando saltitos aparezco en el cuadro como una rama, poderosa, gigantesca.

Paneo veloz, súbito, y en su más lejano extremo, una hoja. Perspectiva.

Todo lo puedo percibir con cada milímetro de mi savia, con cada fragmento de mi corteza.

Llueve.

Una gota tiembla en el reverso de esa hoja, eres tú.

Frágil te aferras y yo no te quiero soltar, pero no lo logro y caes…

Me alivia saber que eres agua y volverás, tendré que esperar un tiempo antes de que regreses a mí en forma de lluvia…

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Una palabra rebotaba en mi cerebro de la A a la R. Una a una las letras se hacían una cadena que se iban separando, juntándose, intercalándose, interponiéndose, intercambiándose, entrelazándose hasta formar nuevas combinaciones, algunas imposibles de describir.

Uno a uno los sonidos de esas representaciones simbólicas, que nos hemos inventado los humanos para nombrar las cosas, los sentimientos, las emociones, surcaban los mares de mis neuronas, como delfines azulosos, trasladándose hacia el torrente sanguíneo y alcanzando todas mis extremidades en segundos.

Pensarte, intuirte, imaginarte en la lejanía me hacía sentir de ese modo. Era una mañana de agosto, la primera para ser exacto.

Luego de tanto pensarlo tomé mi corazón entre mis garras, traté de abrigarlo como pude entre mis escamas, lo coloqué en mi regazo y dormí mil años.

Sabía que ese músculo te esperaría hasta que volvieras.

Y volviste…

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Mi mamá, quien era una mujer muy sabia, doctorada por La Vida, una maestra implacable en una universidad muy exigente e hijueputa si uno no responde a la altura en cada prueba o clase que dicta, apenas acabó la primaria, pero le gustaba mucho leer historietas.

Por ella conocí de primera mano, que había historias que se podían contar. Cuando era un crío acompañaba a mi madre a cambiar las revistas, y mientras ella escogía, yo buscaba al Capulinita, a Periquín, el Simón Simonazo.

En una colonia en la que no había drenaje, ni servicios públicos básicos, perdida en los confines de Ciudad Netzahualcóyotl, cualquier opción de distracción era viable.

Así, conocí por mi madre El Libro Vaquero, Vaqueros Indómitos, El Libro Semanal; pero fue gracias a “Novelas ilustradas”, que supe quiénes eran Juan Valjeán, Romeo y Julieta, Sandokan, y muchos, muchos más.

Tuve una tía, cuyo cuerpo fue devorado por las ratas al morir, abandonado a su suerte, por quién conocí a Rarotonga, a John Barry, a Kaliman, a la Familia Burrón, a Mafalda.

Tuve un primo de nombre Valentín, quien murió consumido por las drogas, por quien conocí en comics a Los Vengadores, a Hulk, a Spider-Man.

Tuve una profesora en el CCH, de quien aprendí, entendí, que la lectura —al igual que un concierto o pintura o escenificación— provocaba placer, “cambios” en el lector… y así continué leyendo, voraz, todo lo que caía en mis manos desde entonces.

Gente muy querida me ha etiquetado en ese reto de publicar portadas de libros, sin explicación, pero como me precio de ser “contreras”, decidí esperar el momento y hallar una forma de compartir esto que puede parecer tedioso, pero que creo que dice más de mí, como lector, esto que acabo de escribir,  que si presumo que he leído mil libros en  mi vida.

Amo  leer, casi tanto como escribir; me gustan las novelas, los buenos reportajes, las crónicas; la poesía, las buenas historias, bien contadas; odio los libros de superación personal y sus autores de recetas mágicas par la vida. Amo la música.

Me gusta escuchar, me gusta hacer amigos, conservar a los que tengo; amo a mi familia, a unos más que a otros, claro, como debe de ser.

Amo a mi mujer, a mis hijos, viajar, comer, cocinar, departir, el tequila, el mezcal, la cerveza.

Todo esto a cuento de que tengo no solo 10 libros preferidos, Juan Rulfo sus dos librazos; del Gabo 100 años de Soledad y casi todo el resto; de Saramago “El Evangelio…”; de Ridzard kapuczinsky (¿así se escribe?) sus reportajes; de Poniatowska “Leonora”, “Hasta no verte…”; de Monsi, su libro de crónicas “Amor perdido”, de José Joaquín Blanco, casi todo como cronista; José Emilio Pacheco me voló la cabeza, Octavio Paz y sus imágenes; Roberto Bolaño; Carlos Fuentes y su “Aura” o “La Muerte de Artemio Cruz”; Mario Bendetti y “El cumpleaños de Juan Ángel”; la compilación de Edmundo Valadez “El Libro de la Imaginación”, que inspiró mis “Así pasó…”

Y así muchos, muchos más, “culteranos e incultos”, je, si cabe la expresión.

A quienes me etiquetaron en su momento, gracias por acordarse de mí, los abrazo fuerte…

Agustín Martínez, Rafael Mejía, Francisco Millán, Hugo Troncoso, Araceli Valencia, Luis Enrique Olivares, y a quien me faltó también, je.

No etiqueto a más nadie porque ya lo dije, “soy contreras”. por su atención, grax.

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Despierto de mi letargo, interrumpido por los chillidos del gato cuando, alumbrado por un rayo moribundo de la luna, alcanzo a ver varios de tus sueños que emanas por el oído.

A media luz la pequeña flama se expande por tu sien; recorre tu frente y baja al sur de tu cuerpo antes de desaparecer.

Pergeño como puedo el último que logro distinguir.

Lo meto en mi boca sin masticar mucho para no dañarlo. Lo saco y, ya combinado con mi saliva, veo que se ha convertido en tornado de bolsillo.

Tomándolo por la punta, te lo siembro en la comisura, desde donde ondea airoso. Ya no duermo, no puedo, ni quiero.

El Malandro sigue en lo suyo, maullando en la azotea.

Lo maldigo, pero decido enfocarme, fascinado en ti, hasta que el sol empieza a tostar un poco las castañas de tu pelo.

Amo verte un poco muerta, un poco dormida, y más regodearme en tu sonrisa con mohínes incendiarios…

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Decían que era humana.
Yo la conocí y puedo dar fe de que se equivocaban, ella era de otra sustancia, Fantástica, más parecida a las raíces de los grandes árboles que crecen entre los riscos, y que se humectan todas las mañanas con el aire yodado de lejanos mares.

Dicen que nació de un vientre humano, pero yo digo que nació de una semilla de mostaza atrapada en la corteza de una jacaranda, por eso en ciertas épocas del año daba flores, y en otras… gritos y sulfuros parecidos a la malaria.

Dicen que nació hace más de 40 años, pero yo sé que fue hace miles de años…

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De agua

Te imagino de agua. Agua dulce y salada, toda; que abres paciente, las brechas, los caminos, que pules las rocas antiguas, con la paciencia del riachuelo.

Pero antes fuiste lluvia, llueves mi mente, y así sello tu imagen, tus ojos de lluvia, tu boca de lago, tu pelo catarata, tu piel de mar.

Frente a una orilla del mundo, yo, sentado en la arena, te espero paciente, sé que llegarás cuando desemboques en este punto, en el que te renovarás y comenzarás un nuevo ciclo.

Llegas con la fuerza de una tormenta…

Tú río y tú mar se hacen uno.

Entonces camino a ti y me sumerjo en tus aguas…

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