Feeds:
Posts
Comments

Archive for the ‘De amores’ Category

Mamá Araña recorre afanosa la vida que le tocó vivir. No pregunta nada, solo vive, y cuando es preciso sobrevive como puede, y así ha enseñado a sus hijos arañitas a sortear peligros, como sea, contra quién sea.

Sabia como pocas, aceptó su sino, mientras tomaba fuerzas, y consciencia, y decidió irse de la caverna en donde sus padres arañas la colocaron, a la primera oportunidad, pero fue a dar a otra cueva, quizás más lóbrega y más peligrosa.

Allí, su compañero araña le ató las patas de un solo lado, el de la fuerza, para dominarla, pero Mamá Araña aguantó porque sabía que debía adquirir más fortaleza en su mente, y poder llevarse a sus hijitos arañas. Y así lo hizo, un día rompió sus ataduras y se fue a su propio hoyuelo, en el que hizo su hogar y para los suyos.

Ahí, anda a sus anchas todo el tiempo, se recuperó a sí misma y se va a sus bailes de arañas y baila con la sonora arácnida, viaja y sigue trabajando, ya ayudando a todos, reuniéndolos a todos, amando, amando, amando, y bebe feliz copitas de licores de colores y fuma tabaco del caro y del barato, porque Mamá Araña no hace distingos, sabe degustar la felicidad acumulada en momentos dichosos, sin importar si ha tenido que pagar mucho o poco para obtenerla; ha desenmarañado el secreto de la felicidad, el aquí y ahora, y así se lo enseña a sus hijitos arañas, a quienes llama por sus nombres cariñitos: Migue-araña, Tere-Araña y Vivis-Araña, y de vez en cuando, cada que lo recuerda, a uno que se le murió, Israel-araña, y le sigue llorando lagrimitas que tienen forma de cristales de obsidiana.

Mamá Araña tiene muchos amigos, mantis, escarabajos, ciempiés, mariquitas, moscos, moscas, cucarachas, que trata igual como a ella le gusta que la traten, porque ella es ella, siempre ha sido y así será, da lo que entrega, no más, bueno sí, las más de las veces, pero no menos.

Anoche la soñé, porque recién cumplió años, porque todos sabemos que los que mueren siguen cumpliendo años, si se les recuerda, claro está. Allí andaba, como la recuerdo mi conexión con el cosmos, caminaba Mamá Araña con sus patas apelambradas, bailando, sonrisa a flor de piel, cantando las de Pedro Araña, del Carro Show Araña, de la Sonora Matancearaña, de Chayito Valdez Araña, proveyendo a los suyos, recorriendo la vida, gozosa, atrapando, creando comida de la nada, y ya la cocinaba con unos besitos arácnidos, dándole sazón de hogar, del suyo, de ese al que no volverá, repartiéndola a uno, a otro, sin preguntar nada más. Saboreando la dicha solo por compartir.

Aquí estábamos ella y yo. Yo, señor Araña, con mis 47 años, recostado a su lado, escuchando su difícil respirar, sus historias interminables y sus ahogos repentinos, sus tosidos, sus dolencias. La imagen se difuminaba, pero recuerdo que ella me abrazaba con su amor arácnido, mientras hilaba mis sueños que sacaba de mi cabecita loca, y me tejía guantes para cada una de mis patas, mientras me preguntaba:

— Hijo Araña, ahora que estoy muerta, después de tantos años, ¿se ha cumplido lo que te dije?

— ¿Qué cosa Mamá Araña?

— Te dije, antes de morir que te dolería, pero que lo dejaras al tiempo. Te dije: te seguirá doliendo, pero será diferente.

— Sí. Se cumplió Mamá Araña. Un día no pude más, tomé todo mi dolor entre mis ocho patas, y lo desmenucé en la montaña, y esperé a que se secara al sol. Lo llevé al precipicio de mi vida, a donde regresaré un día y allí lo arroje…

— ¿Me trajiste pastel?

— No Mamá Araña, pero te traje esto…

— Gracias Hijo Araña, siempre me gustaron tus besitos arañas.

—Dame un abrazo que ya me voy.

—¿Nos veremos pronto, verdad?

—…

Read Full Post »

Ha pasado un año. Caíste como caen los meteoritos al planeta, como las semillas a la tierra, con toda la fuerza que pudo generar un escalón de cinco centímetros y un trastabilleo confabulado entre tu bolsa y la distracción que movió tu centro gravitacional. ¡Malhaya!

Te vi caer muerta, puedo jurarlo. Así, sin más drama que el hecho mismo. El mundo congelado, hecho de hielo y nada, y hacia allí se dirigió tu consciencia, tu vida, y corrí como entre sueños, quiero decir, entre pesadillas anegadas de musgo, porque en un segundo estábamos dentro de una pecera de dos por tres por dos metros, en la que todo se volvió un bosque lamoso, cienoso, algoso, hierbajoso, lianoso, enredaderoso, que me impedía ir más rápido, recorrer como hubiera yo querido, los 1.5 metros que nos separaban, pero no pude.

Y solo cuando llegué a tu lado pude gritarte con más fuerza. Yo gritando dentro de una pecera de tales dimensiones ya descritas, imagínate si no habrá sonado alto, pues dicen que mi voz de trueno se escuchaba a muchos metros a la redonda.

Ojalá no olvide nunca ese momento, ¡carajo!, porque supe qué hacer entre el desespero de “traerte” de regreso de quién sabe dónde, de la manera que fuera, y si se requiere, lo repita, y ahora te lo comparto por si a mí es a quién le pasa algo similar.

No moriste, ni tu mente lo hizo, pese a los pronósticos reservados y la mirada de los galenos que te revisaban. ¡Su mirada!

Y como la primera vez que estuviste a un tris de emprender el camino sin retorno hacia caminos de muerte, te repusiste, y ahora estás aquí, renovada, a un año, justo de ese, el más siniestro de los coletazos de la vida.

Te mantienes de una pieza, con cicatrices, pero qué son si no las huellas de que has sobrevivido. ¡Salve! Eres, mujer de espíritu granítico, gracias a tu fuerza y entereza y tozudez, ESTÁS, y celebro que así sea, hasta que te toque de nuevo o me toque a mí; porque ya quedamos, así le hacemos, seguiremos juntos lo que nos quede.

Ahora recuerda, nunca lo olvides, cada mañana es un regalo, regalazo! del cosmos que te ha permitido seguir, vida mía.

Pensando en eso te escribí esto que te compartí hace unos días:

“Amanece. Abro los ojos y ya las olas de tu cabello mojan mi rostro. Los cierro de nuevo pero ya consciente, y me dejo llevar por el vaivén de tu respiración. Los ángulos de tus facciones me obligan a subirlos para posar mi mirada en tu cumbre. Allí, ‘sentado’ en tu pómulo columpio mis piernas, mientras mis dedos tocan el agua nudosa de tus ondulaciones capilares. Suspiras, a punto de despertar. Aquí estás vida mía. Te revuelves y despiertas malhumorada pero al verme observándote tú sonríes. Para mí es todo, despertarme ante la maravilla de saberte viva, mía, a mi lado. Nada, sólo eso…”

La vida puede ser un animal en cuyo lomo caminamos, como insectos rémoras, que se alimenta de nuestros sueños, nuestros planes, y nos acecha para tragarnos de una dentellada a la primera distracción, pero como siempre decimos: tú y yo juntos, quién contra nosotros.

No hay vida-bestia que pueda tragar a dos doctorantes en sobrevivencia, a dos consentidos del universo.

Un beso a la vez.

Read Full Post »

Tenía el cuerpo más melancólico que yo hubiese amado. Sus senos ofrecían sueños, más sus pezones que ardían con sólo mirarlos, y me erizaban al acercarlos a mi boca desdentada.

Sus brazos eran dos lenguas de fuego, dispuestas a perturbarme con su roce.

Los muslos terminaban en el norte, en una línea poderosa que iniciaba en un horizonte pleno de estelas embravecidas; en su sur, el camino era tan escabroso que pocas veces acudía a su llamado, por temor a perderme para siempre.

Su espalda era tan dulce que podía lamerla cruda y sin más saborizantes que ese sudor tan suyo, mitad sal, mitad agrio.

El cuello era tan escarpado que lo conquistaba a mordidas, escalándolo desde las colinas de su espalda hasta esa tierra prometida que era su nuca, plena de tormentas y terremotos, cuya puerta abría el camino a la tierra cálida de su amor a mí, a este tipete con ansias de ser enterrado vivo bajo su piel…

Un día desapareció de mí, con el último mordisco que le di…

Vivo esperanzado porque un día regrese por el pedazo de su corazón con el que me quedé…

Read Full Post »

—El mundo termina aquí —dijo él.

—Pero aún falta mucho por ver —respondió ella.

—Sí, pero hasta este punto llegas tú.

Enseguida él la tomó de los brazos y la acercó al precipicio. Ella miró un segundo, giró la vista hacia otra parte y cerró los ojos; ese lugar infinito le ofrecía una visión a lo desconocido, que la horrorizó.

Él no sintió nada. Ni miedo, ni tristeza, nada.

El silencio entre los dos se acentuó, de súbito reconocieron que se repelían, algo que ya sabían pero que ninguno aceptaba desde hacía mucho tiempo.


Luego de intercambiar miradas, él se arrojó sin vacilar.

Silencio.

Sin ayes, ni gritos innecesarios.

La ventisca que deja el aire rasgado sin final.

El Rumor de las nubes golpeando la montaña.

Entonces la mujer echó un último vistazo al abismo.

Él parecía suspendido cayendo para siempre, se lo veía sonriente, abriendo los brazos.

Ella dudó.

—Claro, hasta aquí llego yo.

Sonrió.

Enjuagó sus lágrimas y continuó su camino a otra parte, sola…

Read Full Post »

Tengo tantas ganas… de acercarme a tu oído y decirte, quedo, que te amo, que sueño que protagonizamos sueños de esos que se conocen desde hace cientos de años a través de garabatos de tinta y papel… ganas de acariciarte con el vaho de mi urgencia en tu cuello, entre tus costillas, sobre la mitad de tu cuerpo, de besarte las serpientes que te nacen del cuero serpentil… de introducirme entre tus poros con la suavidad del agua, con la fuerza de mi voz… tengo tantas ganas de abismarme en tus iris y platicar con todas las Gabys que te habitan y decirles lo mismo que te digo ahora, pero diferente, sentando a todos mis Migueles frente a ellas, mientras hago de mi labios los filamentos de un diente de león que, llevados por el viento de tu respiración, buscan tus honduras para germinar por siempre…

Read Full Post »

Acostado, a tu lado. En medio de la noche en la que nos ha confinado esta pandemia, distraído, boca arriba, con los brazos cruzados, sobre mi pecho, en posición mortuoria, disparo besos al aire, como jugando a los fuegos artificiales, que iluminan la habitación. Es la quinta jornada con el insomnio moviéndome las manecillas del sueño. Río, feliz de ver cómo los últimos destellos de mi vaho caen sobre tu cuerpo curvoso, que se mueve al ritmo de tu respiración, así pasó…

Read Full Post »

“Sus labios guardaban todas las líneas dibujadas por las olas en la mar embravecida. Su piel estaba llena de dunas milenarias…”

Así la imaginaba, mientras deslizaba la pluma por el papel aún desierto de tinta.

Cerré los ojos y me perdí en la superficie escamosa de un sueño que aún saboreo en las encías.

Siguió escribiendo:

“Con la calma de esta mañana nublada anclas tu recuerdo entre mis hemisferios y te columpias frente a mis ojos atónitos.

Te desgasto de a poco, con mi simple mirada.

Te deshago las dunas, grano a grano, y hallo un oasis.

Muero en ti, mientras me baño en la humedad de tus costas…”…

Read Full Post »

Ayer vi a mi madre.

Yo dormía profundamente cuando sentí sus cálidos dedos huesudos alisando mi pelo, como cuando era un crío y me despertaba con besos en la frente.

Me dijo: hola hijo ¿cómo has estado?, bien madre, ¿y tú?, le dije.

Desde sus ojos hundidos, me hizo saber cuanto me ama.

en ese instante abrí los ojos pero alcancé a escucharla:

“Igual que siempre… muerta”…

Read Full Post »

I

Ocurrió en una planicie sin fin.

Era una extensión sin interrupciones, sedosa, bella.

El sol la besaba sin prisa.

Yo era una ala de mariposa que flotaba apenas rozando su superficie perfumada.

A veces trompicaba, a veces levantaba el vuelo en remolinos y caía lentamente, como hacen esos insectos que dominan el arte de caminar sobre el agua sin hundirse.

Anochecía y los últimos rayos de luz matizaban mis colores.

II

Una ráfaga me lleva a un confín ignoto.

Girando en sentido inverso a las manecillas del reloj, veo un precipicio circular.

Conforme me acerco crece, hasta convertirse en una boca del infierno; desdentada.

Una última corriente me eleva antes de dejarme caer en su centro.

La oscuridad me traga en un santiamén.

Soy devorado por esta inmensidad, y me abismo resignado mientras me deshago grano a grano, dejando entre las paredes de este agujero de carne trémula, una leve pero densa nube de polvo parecida a los sueños…

Read Full Post »

Te desayuno como lo hacen los reyes, o Armando Manzanero, con calma, con todo el amor que tengo, con toda el hambre que te tengo, con toda la golosidad que te tengo, con todo y mis dientes y mis colmillos, y mis muelas de piraño alado; babeándote, engulléndote, regurgitándote para luego volverte a mascar y a degustar, y a tragar en partes, de cuerpo entero, con todo y pelo y sueños y taras y diablos…

Lo hago como creo que se te debe comer a ti Gorgona, a pequeñas dentelladas y lambidas extenuantes.

Así lo hago aquí, ahora, desde hace muchas vidas, en otros mundos incluso, en otras realidades.

Desde que, quizás, éramos seres mitocondriales, o entes unicelulares.

Desde que antes de que el tiempo fuera tal…. 

Read Full Post »

Older Posts »