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Archive for May, 2020

Dos niños juegan en el umbral de una fuente.

Soldados de plástico en sus manos adquieren poderes impensables.

Sus expresiones onomatopéyicas parecen enardecer el agua.

El cielo se cierra.

Ríen con sus bocas de dioses creadores de vida y destinos.

Un desacuerdo entre ellos basta para que ese episodio homérico acabe mal.

Uno de ellos grita con voz de Poseidón que los muñecos son suyos.

El otro toma al pequeño ejército y lo arroja furioso, lejos del oleaje producido por los tubos que lanzan chorros de agua 5 a 6 pm.

Clavado en su sitio, el dueño de los soldaditos, pasmado por la acción intempestiva, reprime un puchero, estoico.

Imposibilitado para ir por ellos, colérico, toma su tridente, levanta su temblorosa cola de pez y se abisma en el fondo del agua…

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“Sus labios guardaban todas las líneas dibujadas por las olas en la mar embravecida. Su piel estaba llena de dunas milenarias…”

Así la imaginaba, mientras deslizaba la pluma por el papel aún desierto de tinta.

Cerré los ojos y me perdí en la superficie escamosa de un sueño que aún saboreo en las encías.

Siguió escribiendo:

“Con la calma de esta mañana nublada anclas tu recuerdo entre mis hemisferios y te columpias frente a mis ojos atónitos.

Te desgasto de a poco, con mi simple mirada.

Te deshago las dunas, grano a grano, y hallo un oasis.

Muero en ti, mientras me baño en la humedad de tus costas…”…

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Ayer vi a mi madre.

Yo dormía profundamente cuando sentí sus cálidos dedos huesudos alisando mi pelo, como cuando era un crío y me despertaba con besos en la frente.

Me dijo: hola hijo ¿cómo has estado?, bien madre, ¿y tú?, le dije.

Desde sus ojos hundidos, me hizo saber cuanto me ama.

en ese instante abrí los ojos pero alcancé a escucharla:

“Igual que siempre… muerta”…

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Despierto de mi letargo, interrumpido por los chillidos del gato cuando, alumbrado por un rayo moribundo de la luna, alcanzo a ver varios de tus sueños que emanas por el oído.

A media luz la pequeña flama se expande por tu sien; recorre tu frente y baja al sur de tu cuerpo antes de desaparecer.

Pergeño como puedo el último que logro distinguir.

Lo meto en mi boca sin masticar mucho para no dañarlo. Lo saco y, ya combinado con mi saliva, veo que se ha convertido en tornado de bolsillo.

Tomándolo por la punta, te lo siembro en la comisura, desde donde ondea airoso. Ya no duermo, no puedo, ni quiero.

El Malandro sigue en lo suyo, maullando en la azotea.

Lo maldigo, pero decido enfocarme, fascinado en ti, hasta que el sol empieza a tostar un poco las castañas de tu pelo.

Amo verte un poco muerta, un poco dormida, y más regodearme en tu sonrisa con mohínes incendiarios…

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I

Ocurrió en una planicie sin fin.

Era una extensión sin interrupciones, sedosa, bella.

El sol la besaba sin prisa.

Yo era una ala de mariposa que flotaba apenas rozando su superficie perfumada.

A veces trompicaba, a veces levantaba el vuelo en remolinos y caía lentamente, como hacen esos insectos que dominan el arte de caminar sobre el agua sin hundirse.

Anochecía y los últimos rayos de luz matizaban mis colores.

II

Una ráfaga me lleva a un confín ignoto.

Girando en sentido inverso a las manecillas del reloj, veo un precipicio circular.

Conforme me acerco crece, hasta convertirse en una boca del infierno; desdentada.

Una última corriente me eleva antes de dejarme caer en su centro.

La oscuridad me traga en un santiamén.

Soy devorado por esta inmensidad, y me abismo resignado mientras me deshago grano a grano, dejando entre las paredes de este agujero de carne trémula, una leve pero densa nube de polvo parecida a los sueños…

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Te desayuno como lo hacen los reyes, o Armando Manzanero, con calma, con todo el amor que tengo, con toda el hambre que te tengo, con toda la golosidad que te tengo, con todo y mis dientes y mis colmillos, y mis muelas de piraño alado; babeándote, engulléndote, regurgitándote para luego volverte a mascar y a degustar, y a tragar en partes, de cuerpo entero, con todo y pelo y sueños y taras y diablos…

Lo hago como creo que se te debe comer a ti Gorgona, a pequeñas dentelladas y lambidas extenuantes.

Así lo hago aquí, ahora, desde hace muchas vidas, en otros mundos incluso, en otras realidades.

Desde que, quizás, éramos seres mitocondriales, o entes unicelulares.

Desde que antes de que el tiempo fuera tal…. 

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