Feeds:
Posts
Comments

Archive for December, 2019

Meo. El baño es tan amplio como limpio.

Es un centro comercial o edificio de oficinas o un consulado, da igual.

Junto a mi pie izquierdo piso un agujero; es una coladera sin tapa, de donde imagino, podría salir una rata que, si tuviera suerte, podría degollar de un puntapié. Se siente bien la distensión de la vejiga.

Levanto mi cuello de oso, hago un movimiento de mis omóplatos, regodeándome en el placer.

Sacudo mientras la luz tiembla. Me acomodo y cuando estoy a punto de mover mi cuerpo de oso una cosa llena de pelo sale, delgada, por el agujero del suelo, y de un movimiento certero me arrebata la pierna hechiza, y caigo cuan oso soy.

Al chillido que, me digo convincente, es una risilla, precede la desaparición de mi extremidad de metal y plástico. tirado en el suelo miles de roedores me cubren en un segundo… pero nada ha sucedido.

Ha sido solo mi miedo. Me levanto como puedo y meto la mano en el agujero por donde eso se llevó mi pata…

y aquí sigo, horas después tratando de sacarla…

No sé cómo le explicaré a mi mujer que no podré llegar a cenar…

Read Full Post »

El niño escucha atento, igual que si le hablara alguna de sus voces mágicas que conversan con él de vez en cuando. Viajero del tiempo, dobla el espacio, a placer, mientras del otro lado su padre le llama por su nombre, primero cariñoso, en diminutivo; luego completo, pero haciendo una inflexión suave, con la suavidad del cariño, y, al final de su charla, revistiendo su nombre doble con amor adulto.

Le recuerda que lo ama, y al contacto con sus oídos, la palabra mágica lo lleva al tiempo de sus primeros recuerdos.

La felicidad de saberse amado por el padre, no solo querido, no solo reconocido, no solo apreciado, sino amado, le da a M.A. una certeza, ser padre es un camino que no termina nunca, y algo que puede ser replicado para siempre a los seres nuevitos, maduros, viejos.

Entre temas de salud, de cotidianidades y rebuscamientos ambos se encuentran durante media hora.

—Aquí estoy, para ti, como siempre lo he estado. Te amo…

— Yo también, y mucho. Gracias por todo.

—No, gracias a ti, hijo.

Un silencio feliz inunda el aire.

M.A. sabe que su padre está listo para morir, y ambos lo saben.

—Conduce con cuidado, hijo, tú que vas manejando. Atento a la carretera.

En un segundo un auto irrumpe en su carril, y el velocímetro pasa de 120 kilómetros por hora, a 90 en un pedalazo.

En otro momento habría despotricado, pero en lugar de eso M.A. relame una sonrisa que le nace del estómago, del corazón, y pita cinco veces a manera de insulto alegre, al imprudente.

Su vida ha cambiado de alguna manera, con cara sonriente, como la que uno tiene cuando se le revela algún misterio de la vida, el niño de ocho años, regresa a su forma de hombre de 46 años, y acelera mientras el horizonte se tiñe de tonos ocres, y vislumbra el Xinantécatl.

Read Full Post »