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Archive for November, 2016

Me encuentro en medio de la nada. Mi cara en primer plano, cerrados los ojos, el pelo revuelto, la barba llena de nieve. Tirito y castañeo. Inmóvil. Todo es blanco. Hoy nada es gris, ni negro ni ocre. Así veo la Nada. Desnudo. En formación de evolución: desde cigoto hasta viejo enclenque. De carnes y huesos miserables. Decrépito. Un segundo. Otro, otro y mil más. Todos se acumulan a velocidad de aleteos. Una espiral descendente que me alarga, nos alarga a mí y a mis otros yo, y nos destiñe y nos hace una línea del grosor de un cabello, y a éste lo fragmenta. Cientos de veces la misma escena, que termina en mis ojos abiertos, pero a cerrarlos regreso al mismo trajín. Plano abierto, plano cerrado, cenital. Plano secuencia de mis pesadillas. Silencio absoluto. Nada escucho…

 

El viento sopla llevando consigo las dagas de toda la humanidad. Me atraviesan, Me rasgan. Los copos forman una película imperceptible, de hielo fino, cristalino. Se aleja en un santiamén la imagen y solo soy un punto en ese universo monocromático. Nada suena. Y me empiezo a preguntar ¿por qué?

Veo a lo lejos un punto ¿rojo?, ¿naranja? Hacia allá debo ir, allí debe ser otoño. Y resuelto me digo: Debe ser el otoño de mi vida. Avanzo en línea evolutiva. Todos esos que fui, éste que sueña y quienes seré. Uno detrás de otro. Cortando como podemos esas ráfagas inclementes. Tardo mucho en llegar pero lo consigo. Nadie tiene piel, apenas unos jirones se aferran a los huesos. El punto es de tonos cálidos. El aire amaina un poco, pero solo para arremeter con mayor fuerza. A punto de llegar a mí destino una partícula blanca me entra en el ojo y cierro por instinto los ojos… los abro y he vuelto al inicio de todo…

Ahora puedo mover mis ojos en diferentes direcciones. Tengo exoesqueleto, debajo un pelambre entrelazado con plumas. Inicio de nuevo el trayecto. Regreso. Cada vez con más elementos para tardar menos en volver a por ese punto. Después de varios intentos descubro que es una puerta, pero no como la describen los humanos. Este parece estar creado a partir de mis propias pesadillas. Algo en mí me dice que la fecha tiene relación con todo esto: Claro, ¡Es 14 de noviembre! Su cumpleaños.

 

 

Un sudor tan frío como el hielo derretido me cubre. Al fin he alcanzado a comprender que estoy en una producción onírica. Que únicamente mi cerebro es el que se ha salvado. Que eso que soy ahora es mantenido vivo en un líquido parecido al amniótico, y que cada tanto es bombardeado por energía, y sus resultados registrados en un aparato. No tengo ojos, ni exoesqueleto, ni plumas, ni piel, ni órganos, ni cuerpo, ¡ni ni madres! Que el golpeteo continuo de esa luz magenta ha producido en mi/yo materia gris una “reanimación de segmento muerto”.

 

 

Los seres que me estudian han pronunciado algo que mi ser tradujo como una fecha, 14 de noviembre. Esa parte inanimada en mí ha revelado un nuevo ángulo en los estudios que esta raza hace de mí y mis congéneres. Regreso al sueño, pero con la salvedad de que la poderosa ventisca ya tiene sonido. Es un silbido que lacera, que me angustia. Ato cabos y recuerdo una escena que nunca pudo ser borrada: Es mi madre en la otra habitación, con los pulmones hechos trizas y llenos de agua por la insuficiencia renal. Es el silbido de su tracto respiratorio lo que escucho y registro para siempre. Es el dolor de saberla muriendo poco a poco, silbido a silbido…

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