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Archive for June, 2016

Viajaba en avión. Un hombre obeso ocupaba dos asientos a mi lado. “Los pagué”, dijo cuando llegué al mío, como justificando. “Pero no ronco”, acotó. El vuelo estuvo bien, nada del otro mundo. A mitad del mismo el hombre sacó del respaldo del asiento de enfrente una revista de esas que hablan de ovnis y aparecidos, y empezó a leerla. Tras hojearla un rato la dejó y yo la tomé. Allí hallé un fragmento escrito a mano que decía esto:
“Cuentan que un astronauta ruso de apellido impronunciable la vio primero pero no quiso compartirla en su momento. Él lo contaría ya entrada su vejez y pocos le creyeron pues pensaron que todo era producto de su imaginación senil. ‘No podré olvidarla nunca. Miraba a través del vidrio. Ya sabes cosas que uno ve sin mirar siquiera. La luna eclipsada hacía su trabajo de espejo. En esos sitios ese satélite te hace repensar quién y qué eres. Fue en un abrir y cerrar de escotilla, juro por Dios que así sucedió. Miré fijamente un punto en el vidrio, era negro como una mancha que se movía. De pronto se detuvo y al intentar descifrarlo un haz luminoso me cegó, parpadeé. A ese destello siguió otro y otro, y muchos más. Creaban una cadena, una línea que formaba una figura, era como un felino. Eran puntos que me recordaron las marquesinas los cines que conocí cuando era niño… Espero que cuando muera y si es cierto que regresamos de donde hemos venido, esa imagen me acompañe en mi último viaje’…
“Años después se sabría que eso que vio el camarada astronauta era la Constelación del Gato, una que pocos conocen pero que los científicos han descalificado siempre. Las brujas de viejo cuño sí la nombran en sus libros de siglos pasados. Es más la veneran pues dicen ellas con su sabiduría que de allí descienden. Seres antiguos como los universos. Y a ella se encomiendan cada que les surge un problema de vida o muerte. Yo sé que de allí te desprendiste tú que lees ahora, de la Constelación del gato. Por eso allí entre soles y lunas y polvo cósmico un día subiste y bajaste más sabia, más grande. Renovada luego de una operación que sólo Tú bruja pastora de mil cataclismos podría sobrevivir. Por eso tu alma gatuna ronronea sin cesar al cielo, a donde un día regresarás… Por cierto si allí ves a un astronauta que habla del tamaño de la verga de Rasputín, y sus tropelías, y los zares, me lo saludas”… así pasó…

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