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Archive for March, 2016

Ella se cuelga del metal con la parsimonia del caracol. Se unta al mástil y al ver sus redondeces uno evoca el suyo propio pero de carne palpitante, y no hace otra cosa que temblar. La música que revienta decibeles le acompaña en un supuesto baile con pretensiones de sensualidad. Una voz aterciopelada acaricia mi lengua, la hace salivar, eriza mis pelos.

Ella se mueve como la Diosa de mis sueños húmedos, pero ésta es real, con humores y líquidos que alcanzo a degustar con sólo verle arrastrarse sobre la tarima iluminada. Ella latiguea sus pupilas con lasciva urgencia y sus puntas nos tocan el vientre. Moja sus labios con la lengua y toca sus labios con los dedos.

Arremete contra todos y toma uno a uno, el par de ojos que la siguen y parece que hace un manojo de nuestras miradas y lo ata a sus tobillos que ya van de nuevo para arriba, volteados, en contra de la gravedad.

Extiendo mi mejor sonrisa y le llamo con un guiño. Llega tras despeinar varias cabezas. Se sienta en mí y me abraza. Me besa y siento la mirada de todos a mi alrededor. Me llama Papito. Yo, siento electricidad hasta en las piernas. Salivo, babeo, me enciendo, me mojo en los pantalones. Me río como idiota. Amo venir a los “areneros para adultos”.

Mi hermano al darse cuenta de mi accidente me saca cargando de allí… Me deposita en mi silla de ruedas, me besa y me despeina, y me pregunta mientras da un enésimo trago a su cerveza: ¿te gustó carnal?…

Esta noche me cuida Marcela. Pobre, tendrá que cambiarme los pantalones de nuevo… así pasó…

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uNo

Desde lo alto de la montaña de dos picos me desplazo con la velocidad que me permite el viento matinal. Deambulo por doquier mientras esté completo. Mientras navego por el mar de aire azul siento las aristas filosas que vienen del norte… Así hasta que te veo reposando sobre un amplio manchón verde allá abajo. El color de tu piel y la grandeza de tu figura destacan aún más la belleza de tus tentáculos. Eres tan grande que podría tardar varias lunas en humedecerte toda… Sin importarme la proeza me lanzo hacia ti y lo intento. Mientras desciendo me deslavo con sumo cuidado; millones de fragmentos de mi ser acuoso se abren ante tu entez como una red… Te lluvio despacio con el amor que me has despertado de sólo verte animar el cuadro bajo mi ser… Y te caigo gota a gota, y con cada una siento tu tacto, y esa sensación despierta en mí un calor inusitado. Son millones de cápsulas de agua que te tocan y se evaporan al contacto. Es una sensación de placer por dos vías tocar/evaporar; millones y millones de sensaciones al unísono, conectadas a mí, sintiéndote y bañándote, al tiempo que minúsculos chispazos de la evaporación me devuelven vertiginoso al cielo desde donde te he lluviado…

 

dOs

Conecto con la tierra en forma de un gigantesco torbellino. La negritud da a mis curvas un aspecto de prodigio. Giro con tanta fuerza que arrastro todo. Ando por la tierra yerta con el único afán de encontrarte. Recorro toda la superficie de piedra y polvo hasta verte a lo lejos. Incólume pétrea y hermosa. El sol te aluza hasta la espalda. Me dirijo a ti sin demora. Tras de mí voy dejando una estela de nada; un surco tan grande y profundo que permite la reconfiguración de continentes. Todo mi deseo hacia ti, hacia tu corpulencia. Estrello mi cuerpo con la vehemencia de un ciclón joven. Escarpo tu faz con furia, te esculpo nuevas líneas, e invado tus entrañas haciéndote tanto amor como es posible imaginar. Respondes con aullidos y silbidos surgidos de entre tus grietas, recovecos, bóvedas y cuevas. El dorado polvo que levanto desde tu base se mezcla con mi humedad. Por unos instantes somos un solo ser. Ente mitad aire, mitad roca. Desde el espacio podemos ser vistos. Y allí me quedo contigo, rodeándote… hasta el final de los tiempos…

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—I—

 

Se llama María Sofía. Nació un día como hoy hace una década. Tenía entre sus diminutas manazas un corazón de esos que palpitan acelerados por la púrpura trombocitopénica trombótica. Entonces nadie lo sabía pero en esa minúscula bola de carne y venas y arterias y huecos traía una prueba de esas que te cambian la vida.

De piel lisa y risas torrenciales, María se zafó de las fauces de su madre y me devoró la mitad del cuerpo. Yo carcajeaba con la sonrisa idiota de un padre incrédulo ante tanta maravilla. Entonces como ahora eso definió su carácter, que tiene algo de inusitadez, impaciencia, voluntad, fantasía y mucha fuerza.

 

—II—

 

A veces suelo volar solo, y mientras lo hago disfruto del gélido aliento del cielo. Busco las nubes más altas de mis sueños, y me dedico a buscarla detrás de los picos más escarpados de mi consciencia. A veces me guío por la iridiscencia de sus cuatro brazos y sus seis piernas para hallarla.

Sus alas resplandecen como núcleos solares y hasta allá llego, a donde ella me aguarda flotando dentro de una burbuja tornasolada. Me mira sin observarme, con el dejo aprendido de mis antepasados. La rodeo con las serpientes de mis brazos y me dejo engullir con la paciencia de haberle heredado algunos gustos canibalescos.

Mas la suelto y emprendemos el vuelo hacia ninguna parte, tocándonos nuestras alas y anunciando al mundo su catástrofe, como ángeles apocalípticos. Gritando que la muerte de sus habitantes se acerca. Y carcajeamos mientras vemos como todos allá abajo corren queriendo escapar de su suerte. Nada se puede hacer ante lo consumado. Nada. Ni podemos, ni queremos. Sólo surcamos el techo del planeta que en este plano nos ha tocado compartir.

Hace tanto que no volamos juntos que no puedo esperar a dormir de nuevo —con la esperanza de que un día lo hagamos para siempre— para buscarla entre sueños y decirle —repetirle— al oído, eso que marqué para siempre el día que brotó en este mundo… ella sabe de qué hablo…

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