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Archive for February, 2016

Escucho música

Hoy mi cuerpo no me queda; no me va bien. Me queda guango. Flácido, no de carne, sino de espíritu, de esencia. Como distrofia almística. Lo mental es algo que no cambia, por nada, ni por nadie. Al menos tengo esa certeza. Sucede lo mismo con lo emocional, lo sentimental.

Una voz en lengua romance antigua me despierta, melosa como serpiente trepándome. Proviene de un ser asexuado, imagino. Verde es ÉL o ELLA o ESO, intuyo. Informe, sólo conformado por voz, imagino. Ese grifo del cuerpo/no cuerpo que le contiene se abre y se cierra como un esfínter de tierra y lodo. Abierto como fauces de animal prehistórico deja salir la cauda de aguas nítidas, dulzonas que me bañan.

Corre, entra por mi cerebro y me inunda. Mi piel ahuecada en algunos puntos entre mis músculos, órganos y huesos, se llena de ese líquido cálido, transparente que arrastra palabras de amor y desencanto. Amo ese conjunto de elementos en perfecto equilibrio. En instantes me relleno completo y me siento un poco más cómodo con esto que soy.

En mi interior se mezcla la maravilla: mis líquidos y el torrente que se acomoda en las pozas dentro de mi piel. Subo el volumen y me llevo por completo. Ahora me transformo en un ser sin límites, sin fronteras. Supuro agua de colores. Por los poros, por mis orificios.

Logro que mis patas horaden el suelo. Me recuesto. De aquí no me moveré. Escribo en mi mente y el viento me golpea suavemente. Crezco y convierto mi pelo en canopia. Las extremidades se endurecen, se elevan, Mis venas siguen supurando. Alargados los acordes, los colores, los tonos, los vaivenes melódicos. Las estrellas chocan, la luz que despiden llega muerta a mi tez. Me da vida.

Miro y en el cosmos todo se balancea. Surcan los cometas, estallan los cuásares, tragan los agujeros negros, nacen planetas, seres que no conoceré. Mueren sistemas planetarios. Y yo aquí mimetizándome con esta hija de la imaginación, llorando de emoción. ¡Carajo, odio llorar!

Túnel espacial, portal dimensional abierto, gusano sideral al que me asomo. Succiona mi ser, lo último de mi piel corpórea sucumbe, cae y desaparece. Mis aguas manan de nudos resinosos. Han tomado su propia forma; son como esporas y colonias de hongos, musgos, desarrollándose sin cesar, conforme beben líquido y luz.

Esta tierra ha muerto y soy el último de mi especie, sé que debo vivir miles de años más y llegado el momento tendré que poblarla de nuevo. En tanto seguiré manando y nutriéndome de ese caudal que llega del túnel cósmico.

Ya no tengo apuro, no me inquieta más que siga sucediendo, que el cuerpo no me vaya más, ¡qué importa! Siempre podré llenar mi interior y transformarme en otra cosa que no me estorbe para visitar mi planeta de origen.

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