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Archive for January, 2015

Así será…

Un día despertarás en un sueño con un aire nuevo creando remolinos entre las tranquilas aguas de tu ser. Ahí en la orilla de ese lago de tonos metálicos, tachonados de estrellas, me verás mojarme los pies. Te acercarás a mí y me tocarás el pelo. Nos saludaremos sin siquiera mover los labios, apenas un leve movimiento de sonrisas. Las serpientes que penden de tu cabeza susurrarán mi nombre. Yo feliz tomaré los hilos de tu aliento y con ellos forjaré coronas espinosas…

Un día lluvioso como hoy recordaras mientras surcas los mares de nubes cómo un primero de mes acudiste al llamado del corazón, que ya te esperaba desde otras centurias. Cerrarás los ojos mientras sientes cómo el viento de mi palabra destrenza tu pelo de seres escamosos y piel tersa.

Un día despertarás de ese letargo que vivimos juntos y allí me verás mojándome —como el niño/joven/hombre/anciano/cigoto/célula en que tu amor me ha convertido— en las tranquilas corrientes que brotan de tus cuencas vacías y que me inundan regenerando las tierras fértiles de mi interior.

Un día veremos el sol nacer y morir mil veces para deleite de nuestras almas ñoñas. Ese día correremos tomados de las manos por un planeta desierto que poblamos con pequeños besos que se nos escapan de entre los labios y les salen alas y patas y reptan y saltan juguetones a nuestro alrededor.

Entonces ese día en que sueñas todo esto despertarás y me dirás con esa voz que me encanta escuchar en las mañanas: Tú y yo sabíamos desde un inicio que uniríamos correctamente esas letras que hoy nos han traído a esta parte del universo, de la A a la R.

Tocarás mi escaso pelo, ambos sonreiremos y en silencio nos besaremos largamente y en un segundo nos absorberemos uno al otro, como gotas que el desierto traga sin demora. Sólo entonces sabrás, sabremos, que eso hemos sido, fuimos y seremos, apenas dos bulbos acuosos en el infinito mar de tu ser… así pasó.

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Allí está. La superficie plateada le devuelve una postal suya, y esto es lo que ve: bella, sonriente, de extremidades largas, finas, un poco bruja, la espalda erguida, un poco humana, un poco felina, con el río de serpientes fluyéndole por los hombros. Ella con su seno roto, fragmentado por una hondura que le recuerda todo el tiempo lo que pasó en su última batalla. Relleno ese abismo de carne con mis papilas, nido de bacterias mías y suyas. Llora pues el recuerdo de las dentelladas del acero le arrancaron un trozo de su mujeridad, pero a su alma no le rozó ni de lejos. Su recorrido gestual hace paradas en llanto, la mueca, la risa tímida, la sonrisa plena, la carcajada desternillada. Llora pero ahora por otra cosa. Se da cuenta de que el viraje de su universo a partir de aquel momento, lejano ya, la sitúa en un momento envidiable: ama, la aman. Ese sentimiento, brota como el musgo en el tronco de su mente y sonríe. Desnuda como está levanta la mano y manda un saludo a esa que le devuelve la figura suya. Se da la vuelta, regresará a sus pócimas. Antes de eso regresa al espejo, se introduce en él y se abraza a sí misma. Del otro lado ella/ellamisma le devuelve el gesto. Se besan y se dicen algo que sólo ellas saben, pero el mundo podría intuirlo al ver sus miradas… así pasó…

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