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Archive for March, 2014

El silencio. La calle. El trueno. El rumor de un motor. La luna roja atrapada en un charco de agua puerca. La puta que vende palos de 500 pesos y mamadas de 50 pesitos. El coñazo oloroso a otras vergas. Tú metiéndole la cuasi mano, deforme. Sin dedos, apenas un muñón puntiagudo. El aisberg de tu cuerpo. Lo más largo que te cuelga, bromeas. No tienes pene. Te lo arrancó una rata a los dos años. Cuando te hallaron en el basurero. Tirado entre la mierda y basura de la calle López. Ella y sus gritos. Duele pero le gusta. Quiero todo contigo. Métemelo todo. Lo haces y restriegas el codo, aúlla y le llamas perra. sonríe, estertóreo su movimiento. Calva, desdentada. Famélica. Eres retazo con hueso, jejeje. Ella no te escucha. Pendejo. Cierra su único ojo. Ésta no te la cobro cabrón. En dos arremetidas más te dice dónde andabas, te ofrece mantenerte, pagarte la escuela. Aceptas. Fumas, preguntas, ella niega con la cabeza mientras soba su hoyo abierto en canal. Sangra y no sabes si fuiste tú, tu cuasi mano o la visita mensual. Te he floreado el coño, dices un poco apenado. No te apures, es un agujero que me hizo un doctor de quinta, por eso no le pagué. Y juega con un pedazo de carne flácida que hasta ese momento reconoces como un pito muerto. Pero es más pellejo que carne. Sí, por eso lo maté al hijo de puta. Mira cómo me dejó. Habla y sus ojos destellan en la noche. Su bocaza se abre y busca tu entrepierna. Tú vientre masturbado, desolado de carne, babeado. Un aroma a carne podrida sube y lastima tu nariz. No te importa. Y preguntas: cuánto traes. Responde que tres mil quinientos. Te dará la mitad de lo que gane todos los días, pero sólo si le metes “eso” en las noches. No sabes el exitazo que tengo. Hago servicio social con los enfermitos. Dicho lo anterior se caga de la risa. Vulgar chasquea su lengua. Un última condición: por el culo, me gusta más por el culo, pide. La bajas del auto. le pides que limpie su cochinero. Recoges los billetes. Es marzo. Un viento arrastra sonidos ininteligibles. Y ese beso que ella/él te manda luego de ponerle alas. El ocre de tu nave apaga la luminosidad del faro del parque. La figura del retrovisor te confirma que ella tiene buen lejos. Tomas por Reforma hacia la Diana. Detrás de tu asiento está la filipina, y calculas si lo que ganas de propinas y lo que ella te dé te alcanzará para pagarte la universidad. Viajas con las ventanillas abiertas para que el lugar se ventile. Y vas lamiendo tu muñón que tantos años te avergonzó, y hoy te cambió la vida… así pasó…

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Nos mirábamos con atención, ELLA mi Ying, YO su Yang de su/mi/nuestras vidas. Mundos espejos confrontados. Sin poder tocarnos, pero sí vernos. El mutismo nuestro castigo, nuestro lenguaje de señas nuestra única vía de comunicación. Ella su vida yo la mía. Yo apenas un esbozo de toda su humanidad. Una extraña puerta dimensional traslúcida —de esas que cuentan quienes vinieron de las estrellas a habitar este planeta existieron al inicio de todo— lineal, corredor acristalado a veces paralelo, a veces superpuesto, a veces fragmentado. Todos los días/hurgs de nuestras existencias mirándonos frente a esa plancha plateada. YO tocando mi sexo, provocando que ella hiciera lo mismo (¿o era al revés?), mi pecho. ELLA sembrándose juguetona entre sus senos una semilla de baobab  (¿o era YO mismo devolviéndole la cortesía?). YO/ELLA regando religiosamente con saliva todos los días/hurgs. Cuidándolo de plagas, del viento de otoño; alimentándolo de sus entrañas; con amor, en tanto crecía y se hacía fuerte y daba frutos con la esperanza de comerlos juntos bajo los tres soles de su mundo. YO la recuerdo a ELLA cortando los brotes de cizaña, arrancando las ramas secas, haciendo espacio para las crisálidas y los nidos de las aves. Nuestras vidas tocándose de poco a poco….

 

         hasta que un día sucedió lo impensable en una historia tan ordinaria:

 

 Recuerdo que mientras maduraba el baobab, nuestros sexos palpitaban y se abrían al cosmos estrellado. el suyo y el mío eran dos animales con forma de pulpos, atrapados a la mitad de nuestros cuerpos, el de ELLA humano, el mío un humanoide escamado. Trepados y restregándonos en el espejo con todas nuestras patas; haciéndonos el amor frente a frente con la fuerza de nuestras razas; separados apenas por una delgada capa de vidrio y metal; haciéndonos de humo, primero, y luego de líquido cuya temperatura traspasó a fuerza de arremetidas furiosas esa frontera. Creando una nueva raza (YINGYAN o YOELLA quizás le llamen quienes la estudien) de Dioses sexuales con dos espaldas y un sexo pulposo gigantesco en un planeta que aún no es creado en ninguna parte, ni siquiera en el territorio de estas líneas… así pasó…

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