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Archive for October, 2013

No todo el tiempo sueño. Bueno en realidad sí pero antes de despertar —en realidad salgo de un habitáculo que es donde siempre veo tales proyecciones— elimino cuidadosamente los sueños que cada noche me abren sus brazos para arrullarme. Bajo el switch. No, a mí no se me olvidan, los desecho así sin más, luego de clasificarlos y guardar los que deseo recordar o a los que deseo regresar un día un rato, una noche cualquiera. Trabajo mucho antes de despertar: clasifico —por temas, colores, tamaños, formatos, sensaciones, emociones, recuerdos, caducidad, limpieza—, selecciono, tiro, remozo, devuelvo a su sitio de origen, cada una de mis ensoñaciones, apago la luz de mi mente soñarrera y me despierto.
El proceso es simple: me recuesto y cierro los ojos, desciendo capa a capa de mi consciencia, bajo la escalinata natural, sin despegar los dedos de la pared enmohecida e ingreso a la bocaza pétrea; atravieso el pasillo y llego a la cámara ya mencionada. Me siento en la gran roca, y con la modulación de mi voz —aúllo, gruño, canto, balo, mujo, cacaraqueo, carraspeo, silbo, masco, grazno, chasqueo, ladro, trino, lo que desee cada instante— activo los sueños que ya aguardan impacientes por mostrárseme.
Cuando escuchan mis pasos las presiento desperezándose, extienden sus alas y revolotean en círculos en lo alto de este espacio por donde sólo entra un haz lumínico suficiente para guiarme en la oscuridad.
Soy un tipo corriente por normal, más normal que el promedio. Yo nunca sueño que soy rey o emperador o científico o artista o famoso…. No, yo me sueño siervo, obrero, hijo de nadie. Me sueño desapercibido. En mis ensoñaciones soy el hombre común de una ciudad común, que vive una vida común y que pasa por este plano sin pena ni gloria; soy allí el que engrosa las filas de los nadie, de esos que se toman una cerveza una tarde después de salir del trabajo odiado. Soy el oficinista que no descubrirá nada más allá del papeleo diario; soy el grumete en un barco del siglo XVI, en cuya cubierta suceden las más grandes aventuras; soy la pulga en el ala del vampiro legendario; soy el espectador sentado en los palomares del encuentro final que define al campeón del mundial, soy el técnico de la NASA que trae café a sus cuates, mientras despega la nave espacial; soy el quinto bufón en la corte real, el que nunca hará reír al rey porque me anteceden dos muy buenos y dos más o menos alegradores; soy el ayudante del herrero que pule la espada de Perseo; soy el soldado que limpia el cuarto de máquinas del transbordador que lleva a las tropas a Normandía el Día D; soy el remero que empuja la chinampa cuyos tripulantes guerrearán contra el conquistador; soy el que prepara la comida a los aventureros que lucharán contra los dragones; el que vitorea y recibe las monedas que un ladrón bueno les trae; soy el que levanta los cascos en los campos de batalla; soy el que alimenta y cepilla los caballos que triunfan en los derbis; soy el que vende las refacciones para los autos de fórmula 1 que ganan carreras; soy el que cambia las sábanas de quien sale del hotel de lujo tras su luna de miel; soy el que corre despavorido delante de una jauría de lobos; soy el cavernícola que muere una apacible tarde presa de fiebres, y cuyo cuerpo es abandonado bajo una tormenta de nieve; soy el que vive tu vida cuando tú duermes y te asesora cómo debes “trabajar” tus sueños, soy el que ha elegido ser eso, ser ese porque me da la gana, porque no quiero otra cosa, soy esto que ahora ves, ni uno ni otro, sólo yo, y nadie más… sólo eso soy…

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