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Archive for August, 2013

Un día despertarás en un sueño con un aire nuevo creando remolinos entre las tranquilas aguas de tu ser. Ahí, en la orilla de ese lago de tonos metálicos, tachonados de estrellas, me verás mojarme los pies. Te acercarás a mí y me tocarás el pelo. Nos saludaremos sin siquiera mover los labios, apenas un leve movimiento de sonrisas. Las serpientes que penden de tu cabeza susurrarán mi nombre. Yo, feliz tomaré los hilos de tu aliento y con ellos forjaré coronas espinosas…

Un día lluvioso como hoy recordaras mientras surcas los mares de nubes cómo un primero de agosto acudiste al llamado de mi corazón, que ya te esperaba desde otras centurias. Cerrarás los ojos mientras sientes cómo el viento de mi palabra destrenza tu pelo de seres escamosos y piel tersa.

Un día despertarás de ese letargo que vivimos juntos y allí me verás mojándome –como el niño/joven/hombre/anciano/cigoto en que tu amor me ha convertido– en las tranquilas corrientes que brotan de tus cuencas vacías y que me inundan regenerando las tierras fértiles de mi interior.

Un día veremos el sol nacer y morir mil veces para deleite de nuestras almas ñoñas. Ese día correremos tomados de las manos por un planeta desierto que poblamos con pequeños besos que se nos escapan de entre los labios y les salen alas y patas y reptan y saltan juguetones a nuestro alrededor.

Entonces ese día en que sueñas todo esto despertarás y me dirás con esa voz que me encanta escuchar en las mañanas: Tú y yo sabíamos desde un inicio que uniríamos correctamente esas letras que hoy nos han traído a esta parte del universo, de la A a la R.

Tocarás mi escaso pelo, ambos sonreiremos y en silencio nos besaremos largamente y en un segundo nos absorberemos uno al otro, como gotas que el desierto traga sin demora. Sólo entonces sabrás, sabremos, que eso hemos sido, fuimos y seremos, apenas dos bulbos acuosos en el infinito mar de tu ser… así pasó.

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