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Archive for June, 2013

Soñé tranquilo. Yo de pie en medio de un mar de ojos. Las garras al cielo. Una cascada de luz mercurial me bañaba. Meditaba. Peces dorados entraban por mis fauces y se perdían en mi inconsciencia. Una voz que no era la mía le hablaba a los seres de ese lugar. Sin saber por qué los felicitaba por ejercer su derecho a la autodestrucción. Sonreía a carcajadas. Extendía mis alas monstruosas y volaba arrojando fuego a todo ser viviente. Un Dios que yo no conocía intentaba detenerme pero con un soplido lo convertía en un ramillete de colas de rata que me tragaba de un bocado… Aburrido de tanta destrucción abandonaba ese planeta y despertaba en una cama como la mía, con una familia igual. Dormía tranquilo. Me soñaba caminando sobre la superficie de un mar de ojos… así pasó…

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… Mis demonios me elevaban por sobre mi propia cabeza. Sobre sus alas negras podía ver la línea que forman la tierra y el cielo, igual que una cicatriz en el cosmos. Yo convertido en disolvencia granulada; apenas un rumor de mí mismo. Así me encontraba cuando pensaba en eso que habita mi interior: Mis ojos se perdían en un punto luminoso, perdido en la nada. Y de pronto llegó la aparición: veía a una Gorgona de granito y obsidiana, con su sonrisa colgada de sus facciones inauditas. Sonrisa de amplias extensiones: planicie verde que todo lo dominaba en mí. Allí ella, vestida de nubes y lluvia. Coronada su frente con un torrente de sueños que cambiaban con cada uno de mis suspiros. Su corazón por fuera, iridiscente, colgado de sus serpientes como un dije palpitante de plata. Su voz susurrante llegó hasta mí con la fuerza de su aliento ovulante. Yo, vivo pero inmóvil. Petrificado y abrazado por las escamas de sus palabras. Cayendo en cámara lenta para siempre. Escena repetida hasta el infinito, hasta formar una raya con cada una de esas imágenes, que milímetro a milímetro me convertían en una pincelada de brocha gorda en el lienzo de nuestra historia… así pasó…

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Aves…

Aves….

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Aves…

Llueve. El lago duerme como yo. Siento su respiración. Podría parecerte extraño pero así sucede: su ritmo marca el movimiento de mi pecho. Nubes de polvo rojo se abren a mi paso, descubriendo en el cielo una luna con tonalidades marrones cuyo tamaño es tan desproporcionado que parece ser un doblez que se eleva al firmamento y que en cualquier momento se desprenderá de este cuerpo hecho de obsidiana. El movimiento causado por el ejército de gotas que desciende incesante sobre su superficie crea miles de galaxias.
Mi cuerpo parece evaporarse al contacto con la humedad del ambiente. De hecho adquiere una consistencia distinta. Me siento poderoso. Mi mente se lanza a cualquier parte a donde la lleve tu pensamiento…
Sobre la arena reposa tu silueta. Un ave vuela cerca de nosotros. Su gorjeo nos habla en un idioma que ambos entendemos porque provenimos de esa especie. El agua limpia nuestras plumas. Tú y yo chocamos nuestros picos. Te monto, desplumo tu cabeza, te hiero. Riego mi semen de pájaro sobre tu sexo escondido.
Un movimiento lento. Una pata, luego otra. Intento posarme sobre una estrella que flota sobre este manto de textura desconocida. Lo consigo. Creo que me hundiré, mas no sucede. Una estela de luz envuelve mis patas. Sube hacia mis alas. Me aprieta. Me ahoga… Muero en el momento en que tú atraviesas mi cráneo de ave canora, presagiadora de desgracias. Entonces arrojas mi cuerpo a otras especies que me devoran y me desmiembran vivo… así pasó…

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Era una prostituta como muchas que he conocido, de esas que te acarician los sueños y te susurran te amos con la vehemente convicción que producen mil pesos. Pasamos juntos el tiempo suficiente para amarnos a nuestra manera: yo de sus piernas largas, ella de mi quincena. Nos hicimos amigos mientras me duró el trabajo en aquella empresa de seguros, más la liquidación obtenida una vez que me corrieron.

Un día como hoy, lluvioso y melancólico, me preguntó si tenía hijos, respondí que había tenido cinco, pero todos habían muerto antes de nacer. Le conté que incluso dos de ellos habían llorado estando en el vientre. “Cuando eso sucede se dice que los críos serán chamanes”. Su cara denotó incredulidad, pero guardó silencio. Ella me narró que a sus 22 años había vivido el abuso de su padre, tras lo cual habían engendrado un hijo. Yo sabía que ella no mentía, es más, sabía —por conversaciones previas— que incluso su madre y ella habían compartido centro de salud por las mismas razones.

Antes de despedirnos soltó una risotada y me dijo que lo que me había contado era mentira, que ella cogía porque le gustaba y amaba el dinero y que yo lo hacía de maravilla.

Mi silencio respondió por mí.

Salimos juntos del hotel, tomados de la mano, como dos novios que se aman. La dejé en su esquina habitual y le recordé que esa noche pediría la mano de mi novia. Ella me miró como cuando en las caricaturas les salen alas a las bolsas de dinero. Me dijo adiós Evodio, te voy a extrañar, y se volteó buscando al chofer de un auto de lujo que ya le preguntaba costos de amor. Yo la vi como quien se despide de un fantasma y enfilé hacia las calles sucias con el corazón apretujado…

La lluvia arreció.

Alcancé a ver cómo ella era expulsada del auto violentamente y caía al agua sucia. Maldijo gritando y se levantó. Yo resbalé en el primer escalón pero no caí. El hocico de la estación del subterráneo me tragó para no dejarme salir jamás… así pasó…

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Lo hallé en el fondo de un tarro de cerveza obscura que bebía en compañía de amigos queridos. El papel pegado al asiento de la cheve apenas dejaba ver algunos garabatos. Cabe decir que al terminar de leer sentí pena por el o la tipa que lo escribió pues siempre me ha parecido que escribir pseudo poemas o mensajitos románticos en un bar de mala muerte, no es lo más certero para enamorar a nadie. Pero sentí más pena porque se notaba a leguas que el pedazo de papel había sido arrugado y botado y recuperado, y alguien, lo había usado como portavasos, ergo, lo habían rechazado… Aquí algunas líneas que recuerdo al vuelo: “Marcho marchito sin usted marcho roto sin su media luna facial esa que presume al mundo cuando creo nos piensa a nosotros dos usted y yo haciendo el amor Y marcho sin saberlo a ciencia cierta pero sospechando que ya no podré ni querré alejarme del brillo de su luna facial Sí esa que usted presume moviendo los finos músculos de su rostro cuando sabe que la pienso mientras le toco con mi dedo imaginario su coño húmedo diciéndole que le amo… así pasó…

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