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Archive for May, 2013

El escultor…

Caminaba por el brazo de una montaña. Yo era un ente perdido, salí a buscarme y te encontré. Todo sucedió el día que morí: El frío de la mañana levantaba huracanes miniatura que se enredaban entre mis pies; eso me hacía sentir ligero. Yo no pensaba en nada, no podía ni lo deseaba, en mi mente sólo tenía fija una imagen: Un monolito gigantesco al que debía llegar.

Tardé muy poco. El sendero me llevó sin ningún problema. En la cima, estabas tú aunque no eras tú del todo. Una piedra tan grande como un ahuehuete antiquísimo me esperaba paciente. Una lluvia espesa empezó a caer. Yo frente a tu granitidad deslumbrante. Tú gigantesco sueño. Nubes del tamaño de una luna se deshacían al contacto con la punta de tu perfil rocoso.

Sin saber cómo, empecé a frotar tu superficie gris. Igual que hacen los coleccionistas de piedras suiseki acaricié y tallé con mis garras tus formas dormidas debajo del granito milenario. Del mismo modo que los nahuales cuando hechizan fijé mis ojos en tu cabeza, y desprendí tus sobrantes hasta encontrar tu rostro, perfecto; luego hallé las serpientes que hacen de tu pelo. Dos cuencos sin luz asomaron y me recorrieron la espalda con el filo helado de una espada. Una boca prodigiosa de cuyo interior surgió tu voz como la evoco hasta ahora en mi mente me advirtió: te amo, te cielo.

Seguí quitando de tu exterior los sobrantes, hasta dar con tu verdadera forma: silueta fragmentada. Figura femenina con cuatro brazos, cuello de durazno. Tu pecho roto, dador de vida, abierto en canal, empezó a palpitar. Tus brazos se movieron y me apresaron. ¿Te quieres ir?, dijiste. No, no puedo, ni quiero, quiero hacerme inmortal junto a ti, respondí. Que así sea, remataste.

Me hice de piedra al tiempo que te besaba. La lluvia cesó, sin embargo en tus ojos nació un manantial. Yo únicamente atiné a llorar. Caí a tus pies mientras las serpientes de tu cabeza me devoraban justo a la mitad de mi cuerpo, degustándome como hacen los niños de pecho al alimentarse.

Mi sangre y tus lágrimas se mezclaron formando una galaxia nueva que nadie conoció. Los seres de ese planeta donde nos encontramos nos hallaron un día, pero éramos tan pequeños para ellos, que en lugar de adorarnos como los dioses que habíamos sido, nos arrojaron al precipicio…

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De combis, rayos y capullos….

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Esta tarde de mayo, vi lo que nunca: Del cielo empezaron a caer rayos. El fenómeno sorprendió a muy pocos; nunca pude ver a nadie que siquiera mostrara un poco de curiosidad; bueno, sólo el chofer y yo. Los fulgores abrían caminos, entre las nubes, cuyas estelas se podían ver desde donde nacían, hasta el pavimento.

Sin querer presumir que soy un cartógrafo consumado, puedo asegurar que sus trazos eran perfectos, planeados, ni uno había sido creado por un principiante. Al cubrir con sus cuerpos celestes el espejo del suelo, pude identificarlos y verlos tomar lugar en el vasto universo de las figuras zoomorfas que habitan mi memoria.

Todos, absolutamente todos, empezaron a reptar cerca de la combi que esperaba atascada en medio del tráfico y que me traía al DF. En eso las líneas hechas de luz y electricidad cercaron la unidad; la envolvieron con un grueso recubrimiento violáceo.

Sentí un miedo atroz, de esos que exprimen el cerebro de quien lo vive. Las anguilas con rasgos humanoides se estiraron como la sombra de un niño de 6 años, a las 18:00 horas, y entraron por los resquicios de las líneas de los vidrios.

Ya adentro, todas ocuparon un asiento y empezaron a charlar. Si bien yo no hablo su idioma, supe, por sus gesticulaciones, que hablaban de sus problemas familiares, de lo caro que es caer del cielo y empezar a hacerse de una vida.

Yo las miraba refulgir como cosa nunca vista ni en mis más locas alucinaciones. Una de ellas, cuya cabeza trenzaba serpientes, me miró y me abrazó con sus brazos y me dijo al oído: ¡Te Amo!, he venido por ti y no me iré sin llevarte conmigo. Sus cavidades oculares, me sumieron en la más completa paz. Le respondí, yo también te amo, te he amado siempre, y no te pido mucho, sólo quiero que me ames… Ella o eso con luz en su interior y rasgos humanoides y cabeza de serpientes, me tomó de la mano y me besó… antes de que pudiera reaccionar, me explicó que eso, eso era muy fácil para ella. “no es ningún reto para mí, porque ya te amo”.

Acto seguido se estiró por encima de mi cabeza y me cubrió como si fuera un capullo. Quise pagar y bajarme, pero mis patas se atoraron con el velour de los asientos, y la música de reguetón aturde a cualquiera… así fue como me tragó de un bocado…

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