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Archive for March, 2013

…nos avisaron que estás muerto… pero no lo creo; es más, Angélica tomó la llamada y no terminó de decirlo, pensé, no, ese cabrón está bien, seguro es otro. Fue en un accidente, nadie sabe con exactitud, del otro lado de la línea nos han dicho que el chofer se quedó dormido, pero ya hay una versión de que los impactaron por detrás; en la tele alguien dio la nota, tu nombre y el del otro compa que se fue al mismo tiempo que tú.

Me dolió la cabeza entonces y aún la siento pesada, como si fuera de un gigante y yo tuviera que cargar con ella. En la nota el corresponsal dijo que ya habían identificado tu cuerpo. Chale, sólo eso; qué frase más exacta, no te identificaron a ti, sino a eso que una vez te albergó, (órale cabrón no me andes albureando), es que sólo eso pudieron reconocer, el empaque y nada más; chale yo como muchos otros y otras, te identificamos desde donde estamos, como el wey desmadrosón, chambeador, pero pérame tantito, no creas que porque ya nostás techo flores, al contrario, si siempre que podías me cargabas la mano, pero qué tal wey, si o no te daba batalla. Si para cábula, cábula y medio.

Comí más a fuerza que de ganas, y me eché un taco a tu nombre, y al ratón jugaré una partida de cartas con mi mujer, y lo haremos en tu honor. Siento mucho tu suerte mi querido Moy, pero siento más la de Paty y la de tu Gala… Siempre lo he dicho duele mucho una muerte, pero duele más la ausencia al que se queda… y a nosotros nos dolerás mucho más, lo sé.

Y me pregunto, bueno, qué pedo, porqué se muere gente como tú, cabrón de una sola pieza, positivo, (chale no caeré en el juego fácil de sobarte el ego, pero bueno te lo dije en vida k…) cómo es que tú te mueres y otros hijos de su rechingada madre no… y entonces pienso que el mal, como lo concibo, esa entidad mitad negra, mitad gris, hirviente como averno portátil, acaba de ganar una batalla…

No mames a poco tu ciclo ya se acabó?, y luego?, a poco no había más proyectos para ti en ese plan maestro universal del que quiero pensar todos formamos parte, ya no hubo nada más que exprimirte?, y no tenías nada más qué dar?. Lo dudo, alguien que muve las piezas en alguna parte se equivocó… el muy pendejo.

Me niego a creerlo, y a creerte muerto. No, tú no estás muerto, no mientras te recordemos quienes te apreciamos cabrón…

PD:
Visité a tu página de fotos, te veo vital, con los tuyos, en tu medio, pero no te envidio. Tengo qué corregir, me entrometí y me siento así, como un entrometido, una especie de fisgón; pero sólo lo hice para despedirme de ti de la única manera que puedo hacerlo ya, “virtualmente”. Te dejé un mensaje, sé que no lo leerás, ya no importa. Es como mi palada de tierra, pero de palabras.

Allí quedarás en imágenes, quién sabe cuanto tiempo, tal vez hasta que colapse el Internet, hasta el fin de los tiempos, cuando la Tierra sea destruida o los alienígenas habiten entre nosotros o alguien en un trabajo de historia indague que tú como otros millones de personas poblamos con nuestros recuerdos eso que no existe pero sí existe, como cuadro de Magrit. O quizás un día el administrador del portal diga el que no actualice su página de recuerdos será eliminado… entonces allí sí serás exterminado por ese semidios que habita en Silicon Valley, creo, muy parecido al otro, ese que, dicen todos no existe pero sí existe, que todo lo puede y todo lo ve, que un día como hoy, en la madrugada del viernes 20 de junio de 2008, decidió quitarte el aliento…

Descansa en pax Moy.

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El miedo es el mejor estímulo. Eso lo saben los Hermanos Blanco. No habían nacido de la misma madre, es más, ni descendían del mismo padre pero su parecido físico los había convertido en parientes. Eran güeros: de rasgos finos, altos y fuertes como robles. Crecieron juntos desde el primer año de primaria. Siempre habían compartido todo: trabajo, borracheras, mujeres, aficiones, noches bajo el manto tachonado de luces, sueños…
Dos décadas después allí están, uno frente al otro madreándose porque sí; porque así juegan, porque son muy cabrones. Uno tras otro, formados, en montón. Esos Blanco, de verdad aman la adrenalina. En toda esta zona los conocen.
Los amigos de antaño han crecido lo suficiente para ser diferentes a ellos, para enfrentarlos uno a uno, en grupo, para odiarlos porque sí, porque nomás de verlos caen re gordos, porque juntos son bravucones, y ahora que andan de mafiosos, se creen más que todos, sienten que todos les deben algo, quién sabe qué será pero ellos caminan como si en cada paso perdonaran la vida del que pasa a su lado.
Pero hoy todo ha cambiado, la suerte se les ha volteado a los Hermanos Blanco. Regresaron hace poco al pueblo, un grupo de hombres que los conocen desde la escuela, que se fueron cuando eran chamacos, y se las han cobrado. Son silenciosos como los chamizos cuando recorren el desierto, rodando de aquí para allá. Armados, con sombreros caros y mujeres regias, y les pidieron a esos muchachos condenados que se fueran rapidito, porque esa plaza era suya y no querían perjudicarlos.
Envalentonados, los Hermanos Blanco los enfrentaron creyendo que como antaño podrían con ellos. Mas eran muchos y fieros como los gatos montañeses. Los golpearon y ahora mismo los tienen pallá rumbo a Sapioriz, en el punto más lejano del pueblo, cavando durante toda la noche, amenazándolos con sus rifles. Los chamacos lloran, piden perdón, pero sólo se escucha sus chillidos, de becerros recién nacidos…
Chepo, el más alto se pone retobón y los manda a la chingada, se abalanza hacia ellos pero es el primero en ser quebrado. Él cae de cara al cielo, ese que tantas veces miró después de haberse acostado con Lucha, la niña Arteaga. Tirado sobre el hoyo, ya no se ve tan grande, dice uno de sus verdugos, y los demás ríen a carcajadas, escupiéndole al cuerpo desmadejado. El último pensamiento de Chepo va para sus amigos del alma, mientras llora pues sabe que le seguirán en su triste destino. Imagina cómo sería si él viviera en otra parte, si se llamara diferente, si su vida hubiese sido otra…

***
El sol primaveral calienta el agua de la poza, y Camilo se mete allí. Nada como le enseñó su papá, antes de irse al otro lado. La lluvia llena el agujero de tierra. Le falta un brazo, así nació, pero eso no impide que pueda disfrutar de flotar por horas. Cierra los ojos y piensa que así debe sentirse un bebé en el vientre de su madre. Los sonidos rebotan huecos. Aletargados sus movimientos, por momentos abre y cierra las piernas, levanta la cadera, sumerge la cara y se deja ir. Su mamá murió cuando él nació; entonces su único recuerdo materno es esa sensación de ingravidez que le gusta experimentar todos los días, pero aún más durante esa época del año. De alguna manera recuerda su paso por el líquido amniótico. Se siente feliz al escuchar la voz cantarina de su madre, que le habla con amor. Se deja llevar por esa emoción, que lo reconforta a pesar de los balazos que le han dejado sendos agujeros, de donde se le sale el alma. El líquido le calienta la piel mientras escucha el ragh, ragh, ragh, de las paladas de sus cuates, quienes siguen sacando la tierra para que quepan los tres.

***

El remolino lo marea un poco, sin embargo, no siente ganas de vomitar. De hecho no siente nada. Desde lo alto Ligio, mira la escena: un balazo, luego otro, y dos más a cada uno de sus queridos hermanos. Sus cuerpos aún tibios tiemblan un poco. Es el fin, piensa. Los asesinos se marchan, echando bala al aire, y escuchando un corrido que habla de muerte y traición, a todo volumen. El rumor de la montaña baja como nube de grillos. Aprieta los dientes hasta sentir que éstos se quebrarán por la presión, entonces él se vuelve a ver a sí mismo acostado, degustando un techo lleno de estrellas… y el tosido de flemas con sangre, lo despierta…

***

Acaba la noche. El plato dorado que pende del cielo, parece tomar formas distintas a su naturaleza. Las nubes la visten y la desnudan de cuando en cuando. Dos cadáveres yacen dentro de una zanja. Sus restos se han vaciado de sangre. La tierra yerta se alimenta en segundos. Las costras en la piel de los dos fiambres se quiebran y se fusiona con el suelo. El tiempo pasa, y los animales nocturnos se acercan, muerden, arrancan, comen de los tres. El polvo en los ojos del hombre enorme, rubio y alto como roble, es lavado por las lágrimas que le surgen incontenibles. No puede moverse, por eso siente cada dentellada y piensa una vez más en qué sería de él si hubiese tenido otra vida… Escupe un gargajo de sangre y tierra al tiempo que percibe cómo se le acaban los pensamientos, y decide asirse a uno, el último, que como la cola de un papalote se le escapa impulsado por una ventisca de muerte…

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Empecé a amarte sin darme cuenta, con el calor de las madrugadas, la humedad de tus labios, de ese sexo tan tuyo como mío… Ahora que lo pienso siempre te amé, pero nunca dije nada…

Supe que te deseaba cuando posaste tu ser/mariposa en mi boca y me arrancaste la lengua, extrayéndola con todas mis vísceras, de un poderoso jalón, pero en ese momento tampoco dije nada porque sabía que no nos volveríamos a ver…

Hoy transito hacia el fulgor de tu mirada, que se me presenta como un precipicio al cual camino sin pensarlo…

***

Camino por el corredor, sopesando cada metro, salivando con cada paso mi miedo, como calculando su peso aplastante al acercarme a la puerta que frente a mi devastada humanidad parece una boca inmensa hacia el infierno.

Me sangran los pies. Hiedo, y me doy asco, vomito. Toco mi frente sudorosa y quito mechones que impiden ver más allá de una yarda. Sentí que no podría llegar. El aire se me escapaba… El techo empezó a girar cada vez más rápido, me atrapa un torbellino ruidoso; la licuadora de mis sentidos me deja sordo para siempre… bang, bang, bang… uhg, uhg uhg…

A tientas alcanzó una pared. Bajo la mirada. Uno de mis brazos cuelga frío, ajeno. De allí también me escurre líquido caliente… je, je, je. Hasta ahora me doy cuanta cabal de que lo llevo inerte.

Doy un par de pasos más, sin saber en qué dirección. Mi mano viva aún tiene cierto autocontrol. Enciendo un cigarro de tabacos duros, y expulso el humo, pero una gran bocanada me sale del pecho. Exploro y hallo tres agujeros que forman un triángulo. El miedo de saber tu suerte es tan frío como el beso de alguien que ya no te ama. Mis dedos pueden hundirse en mi interior…
Tres botones huecos entre huesos y carne. Son del tamaño de una ficha. Miro los ojos del Sagrado Corazón que cuelga de la cabecera. Clavo mi mirada en su infinita misericordia. Es un lienzo en tinta y papel, los dedos haciendo una seña que muestra que sólo existen tres dioses… Son ojos del Señor, pienso, son benditos, y me santiguo… La pintura hechiza me habla: “Esa, la tuya, es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por ti y todos los hombres para el perdón de tus pecados…” Cierro los ojos, manoteo el aire quemado surgido de mis nuevos respiraderos, para aclarar mis pensamientos. El aroma a pólvora y piel quemada, me marea… Sin saber cómo le doy otra calada a mi delicado, mientras sonrío como un estúpido al ver que de esos hoyos nacen girasoles; escupo al Sagrado corazón de Jesús que me mira burlonamente, pues parece decirme: “Ya ves cabrón, te lo dije”…

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