Feeds:
Posts
Comments

Archive for December, 2012

Arder como niña mujer

El agua recorriendo tu piel. Es verano y la tarde te toma por sorpresa. Cierras tus ojos y dejas que las gotas te rueden cuesta abajo. Ardes con los dedos bajo la llaga de tu entrepierna. Una pequeña fisura en la uña de tu dedo medio, te rasguña y gimes. El pelo, te concentras en el pelo de tu sexo. Lo enjabonas como has hecho desde que te dijeron que así se siente más rico. Sedosas las yemas frotan, acarician; lames tus dedos y los metes de nuevo; al principio lento, gozando cada instante, luego aprietas, golpeas delicadamente el clítoris, con el mismo movimiento de las nalgadas, pero más suave. La respiración se te corta, aspiras, exhalas, respiras, suspiras, transpiras, y de esa cueva tuya, profunda, brota incontenible tu maravilla; un chorro recién nacido de tu entraña, amas su textura, amas esa parte tuya líquida, olorosa. Vuelas sobre ti misma, arrullada por tu propia respiración. Eres mujer alfombra mágica, eres mujer agua, mujer chorreante, mujer caliente, mujer gomosa, mujer enfebrecida, mujer gemido, mujer tembleque, mujer acalambrada, mujer insaciable que arremete otra vez inmisericorde con tu cansancio por esa brecha que te has hecho en tu cuerpo tierno desde antes de que caminaras, caricia a caricia. Mientras llegas al siguiente estertor mortífero que te mata más que otros que recuerdes, piensas en ti y hablas en voz alta, divertida, como si de alguien más se tratara: Hay Maríaengracia, eres una tea, una lanzallamas, agua sulfurosa, río del amazonas, niña cogelona, porque eso eres, eso soy, una mujer niña, pero eres más niña que mujer y te amas y te posees tal cual eres…

Con una sonrisa lobuna abres una rebanada de tus ojos… satisfecha, suspiras y te recuestas un rato, reposando sobre la toalla. El agua continúa cayendo y te duermes, reconstruyendo, como es tu costumbre, cada orgasmo, como si revisaras tu recetario personal de calenturas… todo mientras te sabes observada.

***

—¿Ya terminaste?

—No, espera que esto está muy bueno —el hombrecillo, toma aire y aprieta el pene mientras su cámara vibra al ritmo de sus jadeos. Con la mirada perdida en tu figura, él panea y se detiene en tu perfil; abre la toma y regresa en un inesperado zoom a tu pierna que ahora parece lucir más morena de lo que él mismo recuerda.

—¿Y por qué te gusta venir aquí?

—¿A ti por qué te gusta?

—Es mi trabajo.

—¿De veras?, pensé que sólo te gustaba venir a ver chicas como yo.

—Bueno, algo hay de eso, pero lo importante es que tú me cuentes, ¿cuéntame desde cuando vienes a este tipo de lugares?

—Ya casi no recuerdo, desde que era muy chiquita, me trajeron algunas veces… mmm no, no recuerdo cuántas, pero sí sé que yo tenía como seis años. Exacto, hace como nueve años. Y sí, desde el principio algo me despertó, algo que no puedo describir; quizás me asusté un poco la primera vez, pero después le fui agarrando el gusto, y ya después lo agarré como pasatiempo y pasión y adicción.

—¿Y ahora ya vienes sola?

—Claro, esto es sólo mío, de nadie más, y si de pronto alguien me acompaña, de plano no hago nada; bueno, si me pagan igual, como tú, que se ve que te encanta tu trabajo ¿verdad? Claro si ya lo decía yo, se te ve luego, luego, que lo pides a gritos.

Aunque un poco incómodo, por sentirse descubierto, el Hombrecillo toma notas sin cesar, mientras desempaña la lente de su cámara. Suda y no atina a saber si era por el calor que él siente o por el vapor del baño público, de $30 pesos el duchazo, sin límite de tiempo.

***

¡Eres una perra en celo!, ¡lárgate! Las palabras más que herirla le dieron una certeza que no sentía desde que tomara la decisión de abandonar la escuela hacía un año. La madrugada era húmeda y sin luna, igual que su coño virgen de amor. No tenía claridad de qué rumbo tomar, a dónde ir, pero a los 15 años difícilmente se sabe nada.

La liberación puede respirarse, pero en el caso específico de Maríaengracia, la traía detrás del esternón, y se paseaba de ahí al sexo y de regreso, con la fuerza de su deseo; era como un animal pequeño que se hubiera alojado desde antes de nacer, en ese sitio, y que sólo esperara el momento preciso para madurar de un sopetón e iluminarla de los pies a la coronilla.

Dejó su pasado en esa recámara de su niñez con la alegría de quien ha transitado desde hace mucho tiempo, en contra de su voluntad, a tomar el camino sin regreso de la sensualidad, su vocación. Ninguna amenaza, ningún jaloneo pudo hacerla cambiar de opinión y se marchó hacia el norte. Se dejó devorar por la ciudad.

***

De eso pasaron dos años y casi a punto de convertirse en una adulta hecha y derecha, Maríaengracia, despertó con una mueca de desilusión, pues pensaba que todo había sido un sueño, y que una vez que acabara de hacerse el amor  a sí misma, ella podría volver a su casa.

Frente a ella el Reportero Verde, como se le conocía en el mundillo farandulero a ese joven de pelo entrecano y piel de papel, terminaba de tomar los últimos aspectos de ella, y de preguntar:

— ¿Y por qué aquí y no en tu casa?, ¿no es más seguro?

—No, para nada, en casa de plano no puedo, allá tengo muchas imágenes de la virgencita y de Dios y de Jesús, y la verdad es que también soy muy pegostiosa, y aquí cuando quiero acabo, y me duermo, y me despierto y me vuelvo a masturbar; nadie me molesta, y me lavo, y me enjabono, y es muy barato…

El Reportero Verde se limpió, se subió los calzoncillos, apagó la cámara y se despidió. Antes de salir ella le pidió un cigarro y le hizo hincapié en que le avisara cuando saldría su entrevista, y en qué canal.

—Saldrá en el canal “I Entertainmen” quizás en unos 20 días, pero dame tu teléfono y yo te llamo.

—Claro, acá está mi celular, llámame por favor, para verlo… Oye y ¿cómo dices que se llama el canal?, y ¿dónde lo pasan?, ¿es por cable?… porque yo no tengo cable…

Read Full Post »